La prosperidad compartida debe seguir al mando de Tlalnepantla
La política municipal mexicana suele debatirse entre dos visiones profundamente distintas del poder. Una entiende al gobierno como simple administración técnica de servicios públicos; la otra lo concibe como un instrumento de transformación social capaz de modificar las condiciones materiales de vida de la población. En Tlalnepantla, esa diferencia comienza a perfilarse con claridad rumbo a 2027. La discusión no es únicamente quién gobierna, sino para quién se gobierna. Y ahí, sin duda Raciel Pérez Cruz está a la cabeza de todos los políticos de Tlalnepantla.
Durante décadas, este municipio fue administrado bajo la lógica de continuidad burocrática y crecimiento económico desigual. El municipio generaba riqueza, inversión y desarrollo industrial, pero esa prosperidad no alcanzaba de manera proporcional a las colonias populares, a las periferias urbanas ni a miles de familias trabajadoras que sostenían diariamente la vida económica del municipio.
Ese viejo modelo produjo una ciudad fragmentada: zonas industriales modernas junto a comunidades abandonadas; desarrollo inmobiliario acompañado de rezago urbano; crecimiento económico coexistiendo con desigualdad social; infraestructura selectiva frente a servicios públicos insuficientes. En ese contexto emergió una nueva visión política impulsada por MORENA y por el proceso nacional de transformación encabezado primero por Andrés Manuel López Obrador y ahora por Claudia Sheinbaum: la idea de la prosperidad compartida.
La prosperidad compartida implica un principio elemental pero profundamente transformador: el crecimiento económico solo tiene legitimidad política cuando beneficia en primer lugar a los pobres y no exclusivamente a las élites económicas o administrativas. Esa lógica comenzó a trasladarse al ámbito municipal en Tlalnepantla, con Raciel Pérez Cruz, a través de un gobierno que ha colocado en el centro la austeridad republicana, la cercanía territorial, la recuperación de servicios públicos, la atención a sectores históricamente marginados y la prioridad social por encima del privilegio político.
Por ello, la discusión sobre la continuidad política de Raciel Pérez no puede reducirse a simpatías personales ni a una disputa partidista convencional. Lo que está en juego es la continuidad o interrupción de un modelo político distinto para gobernar el municipio, el de la cuarta transformación.
Raciel Pérez representa, con todas las dificultades y contradicciones propias de gobernar una ciudad metropolitana compleja, la posibilidad de consolidar una administración identificada con los principios de la Cuarta Transformación: gobierno austero, prioridad social, legitimidad popular, cercanía comunitaria y combate a prácticas tradicionales del viejo régimen.
Frente a ello, tanto el PRI como el PAN intentan reposicionarse ofreciendo experiencia administrativa o modernización institucional. Sin embargo, ambos partidos enfrentan un problema de fondo: la corrupción, el patrimonialismo y el autoritarismo. La ciudadanía de Tlalnepantla los asocia con ese modelo político que produjo la desigualdad social y el distanciamiento entre gobierno y población. El regreso de perfiles ligados al priismo o al panismo tradicional significaría la restauración de una lógica política donde el municipio se administra desde arriba y no desde las necesidades populares. Y eso, no está en la mentalidad política de la ciudadanía de Tlalnepantla.
La principal fortaleza de Raciel Pérez radica precisamente en que representa algo más amplio que una candidatura individual: representa la continuidad local del proceso político nacional que hoy domina el país. Su cercanía política con Claudia Sheinbaum y Delfina Gómez permite además imaginar un escenario de coordinación institucional favorable para infraestructura, seguridad, movilidad, programas sociales y recuperación urbana.
Pero quizá el elemento más importante sea otro: Raciel Pérez ha demostrado capacidad de resistencia política. Perdió el gobierno municipal en 2021 y muchos pensaron que su ciclo político había terminado. Sin embargo, logró reconstruir estructura territorial, reorganizar liderazgo y recuperar competitividad electoral. Ese retorno demuestra que existe una base social real plenamente identificada con la cuarta transformación.
Eso no ocurre con liderazgos artificiales ni exclusivamente mediáticos. En política municipal, donde el contacto cotidiano con la ciudadanía es decisivo, la permanencia de una base territorial sólida suele ser mucho más importante que la espectacularidad propagandística. Además, Tlalnepantla requiere continuidad administrativa. Los grandes problemas metropolitanos —inseguridad, deterioro urbano, presión demográfica, movilidad, desigualdad territorial y servicios públicos— no pueden resolverse en periodos cortos ni mediante gobiernos improvisados.
Por ello, la continuidad de un proyecto de prosperidad compartida no significa inmovilidad; significa profundizar un modelo donde el desarrollo económico del municipio se traduzca también en bienestar social, recuperación del espacio público y fortalecimiento comunitario.
El verdadero debate rumbo a 2027 será entonces entre dos visiones de municipio: por un lado, quienes entienden el gobierno local como simple administración técnica y equilibrio burocrático; por el otro, quienes consideran que el municipio debe convertirse en motor de justicia territorial, inclusión social y democratización del bienestar.
En esa disputa, Raciel Pérez aparece hoy como el perfil mejor posicionado porque sintetiza tres elementos que rara vez coinciden: austeridad pública y privada, identidad política clara, estructura territorial sólida y compromiso con el proyecto de la cuarta transformación. Mientras la oposición aún busca redefinir su narrativa y reconstruir legitimidad, MORENA mantiene la centralidad política del país y Raciel representa municipalmente esa continuidad política.






