La próxima inversión tecnológica se decidirá en megawatts
Durante años pensamos que la carrera tecnológica se ganaba con mejores programadores, más chips y servidores más rápidos.
Resulta que también hay que encontrar dónde enchufarlos.
La inteligencia artificial está disparando la construcción de centros de datos y México quiere una parte de ese negocio. El problema es que un centro de datos vive de electricidad. Muchísima.
Según la Agencia Internacional de Energía, los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios-hora de electricidad en el mundo durante 2024. Eso equivale a cerca de 1.5 por ciento del consumo eléctrico global. La agencia estima que esa demanda podría superar los 945 teravatios-hora en 2030, impulsada principalmente por la inteligencia artificial y otros servicios digitales.
En México, el reto no es solamente cuánta electricidad se consume hoy, sino cuánta capacidad adicional puede conectarse en los próximos años. El Centro Nacional de Control de Energía, el Cenace, ha recibido solicitudes de conexión para nuevos centros de carga que, en conjunto, representan varios gigawatts. Pero una solicitud no es una conexión aprobada, y una conexión aprobada tampoco significa que la energía ya esté disponible.
Esa diferencia importa.
En Querétaro, uno de los principales corredores de centros de datos del país, la capacidad de la red no puede medirse únicamente con la demanda actual. También hay que considerar la disponibilidad de subestaciones, líneas de transmisión, transformadores y generación firme. La infraestructura existente enfrenta restricciones y los nuevos proyectos requieren ampliaciones que pueden tardar años.
Ahí cambia por completo la conversación.
Porque puedes tener el terreno, los servidores, la fibra, el cliente y hasta el financiamiento firmado. Pero si no tienes energía firme, básicamente tienes un edificio carísimo lleno de computadoras apagadas.
Y detrás de esa electricidad viene otro negocio enorme: generación, transmisión, almacenamiento, subestaciones, agua, fibra y, por supuesto, quién pone el dinero para construir todo eso.
Por eso la siguiente gran inversión tecnológica en México quizá no la decida un ingeniero de software.
La puede decidir alguien viendo un mapa de la red eléctrica.
La inteligencia artificial parece un negocio de tecnología. Cada vez se parece más a un negocio de infraestructura porque al final, hasta ChatGPT necesita dónde conectarse.






