La semana pasada se logró una proeza política que parecía imposible de alcanzar en este sexenio: el presidente reconsideró una decisión y la Guardia Nacional tendrá mando civil y no será dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional sino de Seguridad Pública Federal.
Apenas dos días antes, en su visita a El Financiero, el presidente había dicho que la Guardia Nacional debía tener mando militar. Cambió de opinión.
Falta leer la letra chiquita de este cambio y saber cómo queda finalmente, pero la disposición a modificar una decisión tomada es positiva.
Desde luego esta reconsideración fue producto de la presión y argumentación de muchas personas e instituciones que reclamaban un mando civil para la futura Guardia Nacional, pero hay que destacar la franqueza y las agallas de la diputada Tatiana Clouthier para decirle que no a su jefe político.
Aún no conocemos bien a bien el nuevo modelo policial, ni si será eficaz o no. Esa es otra discusión. Lo que destaco es que hubo flexibilidad para corregir en este terreno.
Lopezobradorista convencida, la tía Tatis, como se le llama cariñosamente en redes sociales, se opuso desde su presentación a una Guardia Nacional dependiente de las fuerzas armadas y no del poder civil.
Seguramente la mayoría de los miembros del gabinete y del primer círculo del poder opinaban lo mismo, y se quedaron callados.
Casi todos los parlamentarios de Morena, también guardaron silencio..
Darle al Ejército el mando total sobre la Guardia Nacional era prolongar eternamente la preeminencia militar en la lucha sobre las bandas criminales que azotan al país.
Pero la única que tuvo la entereza de manifestar su oposición y sostener su punto de vista fue Tatiana Clouthier: en lugar de hacer méritos con la sumisión ante el jefe, le hizo ver su error y lo convenció.
El presidente esta vez no se aferró a su tradicional estilo de empecinarse en una decisión errónea, y fue sensible a los argumentos de su colaboradora.
Los fundamentos de la postura de Clouthier fueron eco de buena parte de la sociedad que no veía con buenos ojos un cuerpo militar nuevo, dependiente del Ejército, pero destinado a funciones de seguridad pública y que años después pasaría bajo el control de autoridades civiles.
En esos terrenos no se deben hacer cabriolas y lo más sano era impedir la creación de un grupo militar, con 55 mil efectivos, por fuera de las Fuerzas Armadas.
La agitación política al interior de los cuerpos castrenses comenzaba a darse desde que el presidente reunió a más de 35 mil elementos y en un insólito discurso les habló de los opositores como adversarios.
Y dentro de las Fuerzas Armadas estableció paralelismos entre “los de abajo y los de arriba”, lo que provocó el aplauso de la tropa y la inquietud de altos manos que hicieron pública una carta en la que aclaraban que ese tipo de arengas eran contrarias al espíritu de las instituciones armadas.
En el Ejército los que están arriba antes estuvieron abajo. Y los de abajo hacen méritos para -con los años de servicio al país y a la institución-, llegar arriba, expusieron los generales.
Todo ese tipo de discordias al interior de las Fuerzas Armadas no son sanas y traen consecuencias no deseadas.
Al disiparse las dudas sobre el papel de las instituciones castrenses en tareas de seguridad pública, bajo un mando civil, se diluye un motivo de tensión en una zona muy delicada de nuestro tejido institucional.
Una Guardia Nacional bajo mando militar y adscrita a la Defensa era eternizar la militarización en el combate a la delincuencia, que nadie dice querer.
Era, además, motivo de inquietud que el presidente tuviera a ese Ejército paralelo, creación suya y con lealtad eterna a su proyecto, para actuar en el ámbito de las acciones civiles.
El presidente reconsideró, gracias a críticos y organizaciones civiles, pero también y señaladamente debido a la voz clara de Tatiana Clouthier.
Buena señal, pues, que en el equipo gobernante haya al menos una persona que considere que antes que darle la razón al jefe, aunque esté equivocado, está la nación.
Y que anteponer la nación al punto de vista del jefe no significa deslealtad a éste.
La tía Tatis gana terreno, y por buenas razones.