La ultraderecha y la crisis del capitalismo: entre la apropiación discursiva y la disputa globalista-soberanista
La crisis estructural del capitalismo contemporáneo ha abierto un escenario de disputas políticas en el que la ultraderecha ha encontrado nuevas oportunidades de expansión. A partir de un discurso que se apropia de principios como la democracia, la libertad y la justicia, los sectores ultraderechistas logran resignificar estos conceptos en clave conservadora y neoliberal, ocultando su responsabilidad histórica en la generación de desigualdades, precariedad laboral y desempleo. Figuras como Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina y Ricardo Salinas Pliego en México, ejemplifican la emergencia de liderazgos que, aunque con matices distintos, convergen en una misma lógica de reproducción del poder económico y político de las élites.
La apropiación discursiva de principios democráticos
Uno de los fenómenos más significativos en la estrategia de la ultraderecha es la apropiación discursiva de valores asociados a la tradición liberal. La democracia se presenta como el derecho del individuo frente al “Estado opresor”, pero en realidad se vacía de su dimensión colectiva y se reduce a la defensa irrestricta de intereses privados. De manera similar, la noción de libertad se convierte en sinónimo de libre mercado y desregulación, desplazando su sentido emancipador. La justicia, por su parte, es reinterpretada como meritocracia: cada quien recibe lo que “merece” según su capacidad de insertarse en un mercado desigual, invisibilizando así las condiciones estructurales que reproducen la exclusión social.
Un ejemplo ilustrativo de esta apropiación discursiva es la denominada Universidad de la Libertad, impulsada por Ricardo Salinas Pliego. Bajo el discurso de formar líderes en torno a la “libertad” y la “democracia”, la iniciativa busca legitimar un modelo educativo alineado con el pensamiento empresarial neoliberal. Más que un espacio crítico, constituye un proyecto de reproducción ideológica que refuerza la visión de mercado como eje de la vida social, despolitizando los conflictos estructurales de desigualdad y colocando al empresariado como garante de valores que en realidad han sido vaciados de su contenido emancipador.
Liderazgos y estrategias
La emergencia de liderazgos ultraderechistas se articula en torno a un discurso populista que moviliza emociones, resentimientos y frustraciones sociales derivadas de la crisis económica. Donald Trump, por ejemplo, construyó su legitimidad en la narrativa de la recuperación de la “grandeza perdida” de Estados Unidos, utilizando al migrante y al extranjero como chivos expiatorios. Javier Milei, en Argentina, adopta un estilo disruptivo, apelando a un anarcocapitalismo que propone la eliminación del Estado como garante de derechos sociales. Ricardo Salinas Pliego, en México, combina el poder mediático y empresarial con una narrativa antisistema que lo presenta como un empresario “cercano al pueblo”, mientras consolida un proyecto educativo e ideológico que reproduce los valores del neoliberalismo.
Estos liderazgos se sostienen en el uso intensivo de redes sociales y plataformas digitales, donde despliegan estrategias comunicativas que combinan la provocación, el espectáculo y la simplificación de los problemas estructurales. Se trata de una política mediatizada, en la que lo simbólico adquiere mayor relevancia que lo programático, y donde el antagonismo se convierte en motor de movilización.
Globalistas y soberanistas en la ultraderecha
Aunque suele presentarse como un bloque homogéneo, la ultraderecha contemporánea expresa tensiones internas que pueden sintetizarse en dos grandes corrientes: la globalista y la soberanista. La primera se articula en torno a los intereses del capital transnacional, defendiendo la apertura económica y el libre mercado como pilares de la organización social. La segunda reivindica un nacionalismo excluyente, apelando a la soberanía frente a la amenaza de actores externos, pero sin cuestionar las bases estructurales del capitalismo.
En este marco, Trump y Milei representan liderazgos soberanistas: el primero, desde la retórica del “America First”, y el segundo, desde un discurso libertario que exalta la identidad nacional frente al “enemigo socialista”. En contraste, Salinas Pliego encarna una visión globalista que busca articular la expansión del mercado y la influencia empresarial con proyectos educativos e ideológicos que trascienden fronteras nacionales.
Conclusiones
La ultraderecha ha demostrado una notable capacidad para apropiarse de conceptos que históricamente estuvieron vinculados a luchas emancipadoras. Al redefinir la democracia como formalidad procedimental, la libertad como libre mercado y la justicia como meritocracia, logra legitimar un orden económico excluyente y profundizar las brechas de desigualdad. La Universidad de la Libertad de Salinas Pliego es un ejemplo paradigmático de cómo este discurso se institucionaliza en proyectos concretos de formación ideológica.
Al mismo tiempo, la distinción entre globalistas y soberanistas permite comprender que la ultraderecha no constituye un bloque uniforme, sino un campo de disputa interna donde coexisten proyectos aparentemente opuestos, pero funcionales a la reproducción del capitalismo. En un mundo atravesado por la crisis, estas narrativas encuentran terreno fértil para expandirse, interpelando a sectores sociales golpeados por la precariedad y el desempleo. El reto para las fuerzas democráticas y progresistas consiste en desenmascarar estas estrategias discursivas y construir alternativas capaces de responder a las demandas sociales desde una perspectiva de igualdad y justicia sustantiva.










