Promoción de Biden para que AMLO no viaje al norte

                                                        Teresa Gil

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Una curiosa contradicción se capta en la carta que el embajador emérito Bernardo Sepúlveda Amor envió al canciller Marcelo Ebrard, para presionar con  el fin de que AMLO no viaje a entrevistarse con Donald Trump.

La carta se concentra en hablar maravillas de Joe Biden candidato del Partido Demócrata y las perspectivas que tiene de ganar, frente al acorralado por sus excesos, Donald Trump, pero no profundiza en la larga historia de relación  en la que México ha sido avasallado por tirios y troyanos del vecino país, independientemente de que partido sean.

Sepúlveda indudablemente un gran diplomático mexicano, con orígenes familiares, se nota muy preocupado en la misiva por ese viaje, como si de AMLO dependiera el levantamiento del señor Trump, que sabe de trampas propias y que en su elección creó un  historial complejo en el que involucró a la propia Rusia.

Como buen priísta, el embajador emérito niega dignidad al actual presidente y lo exhibe como un ingenuo instrumento atribuyéndole la fábula de la araña y la mosca.

En las profundidades de su acervo internacional, no ha percibido que las actitudes de AMLO hacia el actual presidente de Estados Unidos se fincan en la prudencia y el cuidado de salvaguardar al país.

Visitar al vecino del norte cuando se tienen claras esas perspectivas lejos de desanimar, tendría que ser motivo de apoyo de parte del sector diplomático para dar líneas sensatas sobre esa visita ¿Qué quieren, que a una visita organizada desde la Casa blanca, el jefe del ejecutivo mexicano diga simplemente no quiero ir? Sería absurdo. Tendría que haber otros argumentos.

Sepúlveda Amor, asesor de Díaz Ordaz y abogado de Hacienda e ICA

Además de sus funciones como embajador, Sepúlveda Amor tuvo puestos importantes en el sistema priísta. Fue subdirector jurídico del gobierno de Gustavo Diaz Ordaz de 1968 a 1970 y funcionario de Hacienda;  en lo privado, asesor en abogacía de la constructora ICA.

En la diplomacia fue Secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Miguel de la Madrid 1982-88 y embajador en Unidos, con Carlos Salinas de Gortari. entre otros. De su función  diplomática ha recibido muchos reconocimientos porque se ha movido con esa pléyade que en determinados momentos dio brillo a México ante las Naciones Unidas con posturas singulares como el apoyo a Cuba contra el bloqueo.

Su obra en libros y documentos es enorme, uno de ellos México en la concertación política Internacional (Diana 1989)  y en los últimos tiempos como abogado que es, La construcción de un estado de derecho (Colegio de México 2011) Sobre aquellos grandes aportes diplomáticos, hay que considerar que una vez sellada con el armisticio la destructiva Segunda Guerra Mundial, afloró en el mundo el desarrollo de un derecho internacional humanitario.

Si bien vinieron  después los gorilatos, la inicua guerra fría de Estados Unidos contra la URSS, predominaba en los círculos medios de los países del tercer mundo, la defensa de los que eran agraviados porque en ello llevaban su propia defensa.

La agresividad del vecino después de su fracaso en Vietnam se volvió contra gobiernos que no coincidían con su posición como el de Nicaragua, cuyo Frente Sandinista había ganado la Revolución en 1979. Organismos como Contadora que surgió con un toque defensivo y humanitario en franca autodefensa, hizo  destacar a diplomáticos como Sepúlveda Amor. Más tarde, la política internacional de México entró en descenso.

 
¿Dónde estaban los grandes diplomáticos mexicanos en años recientes?

En el desarrollo e impulso de organismos internacionales a favor de la autodeterminación  de los pueblos, a muchos de los importantes diplomáticos mexicanos se les olvidaron los pueblos mismos en su interior.

Además de la colaboración con gobiernos nefastos, hicieron mutis en los sucesos del 68 y  en la guerra sucia de Luis Echeverría. Todavía recientemente no hubo pronunciamientos en contra de las actitudes de Enrique Peña  Nieto y de su aprendiz de canciller Luis Videgaray, en su relación con el propio Trump.

La carta de Sepúlveda a Ebrard supone una misma conducta del actual gobierno cuando ellos no advirtieron de los errores del pasado sexenio, ni tampoco desestimaron las abiertas posiciones de ese  gobierno a favor del golpe en Venezuela.

El avasallamiento del país del norte de buena parte de los gobiernos americanos, detuvo la lucha por la soberanía e independencia y se observa en la mayoría de los que integran la OEA, cuyo presidente Luis Almagro, es un vasallo descarado de Trump. La visita anunciada que podría tener cambios de último momento, aunque Sepúlveda dice que no  es una visita de estado, debe verse como el desplazamiento de un gobernante que quiere lo mejor para México y eso comprende precisamente su soberanía. Deberían de confiar.