El papel que estaban llamados jugar los empresarios por el bien de México, su economía y su democracia, como contrapesos de un poder político expansivo y aplastante, ha quedado diluido en esta administración. Están borrados. Se echaron para atrás cuando el país más los necesita.

Y no por presiones del gobierno federal, sino que fue una renuncia voluntaria a su capacidad de equilibrio hacia políticas contrarias al sano desarrollo del país, al comprometerse a invertir 623 mil millones de pesos en un año a cambio de nada.

Excelente que inviertan, y mientras más, mejor.

Pero con esa cantidad de dinero en la mano podrían haber exigido correcciones imprescindibles en las políticas públicas, en materia de infraestructura -que necesitan los empresarios para realizar bien su tarea de crear riqueza y empleo-, por ejemplo.

A cambio de esa inversión de 32 mil millones de dólares, los dirigentes empresariales pidieron generalidades que suenan bien, pero no tienen tren de aterrizaje.

Durante la firma el convenio de colaboración, Carlos Salazar, presidente Consejo Coordinador Empresarial, dijo que «va a haber evaluación de los proyectos y el compromiso del presidente de que cualquier cosa que atore un proyecto, él va a estar junto con el sector privado desatorándolo».

¿Sí? ¿Como cuál?

De inmediato agregó que entre los sectores que el Consejo Coordinador Empresarial considera prioritarios está el energético, en el que se deben cumplir compromisos con el sector privado para incrementar la producción de petróleo, gas y energía eléctrica.

El mismo día que el líder de los empresarios decía, delante del presidente y del país, que se debían cumplir compromisos con el sector privado en materia de energía, el gobierno anunció que daba marcha atrás a los contratos de Pemex con la iniciativa privada.

Alfonso Romo, el jefe de la Oficina de la Presidencia, el más aplaudido en esa reunión y buscado para tomarse la foto, les había dicho, 48 horas antes, que las asociaciones entre Pemex y empresarios privados seguirían.

No fue así. Le dieron para atrás. Tengan su compromiso.

La secretaría de Energía retiró las siete áreas contractuales que estaban incluidas en la licitación CNH-A6-7 asociaciones/2018, por lo que el proceso quedó sin objeto.

Los líderes del empresariado se entregaron de pies y manos al gobierno a cambio de nada para el desarrollo del país. Aunque tal vez sí lo hayan hecho por beneficios particulares para algunas de sus empresas.

Para llegar a la firma de ese acuerdo, en que los empresarios ponen 32 mil millones de dólares en inversión para este año y unos 35 mil millones de dólares adicionales en dos años, los empresarios pudieron haber pedido acciones concretas para encauzar el desarrollo del país y enderezar la nave. No lo hicieron. Renunciaron a ello.

La CNTE sí puede hacerlo y a cambio de apoyo político el gobierno los hace partícipes de los procesos de acceso al servicio docente.

Trump lo hizo a su manera y obtuvo lo que quiso, contra toda la filosofía y principios que había expresado como suyos el gobierno entrante.

¿Los empresarios no podían hacerlo en beneficio de la sensatez económica y la democracia?

Claro que sí, y renunciaron a ello a cambio de una palmaditas en el hombro.

El empresariado pudo haber pedido en ese acuerdo en que se comprometen a invertir 623 mil millones de pesos en 2019, que se retome la obra del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, por ejemplo.

Ese aeropuerto lo necesitan ellos, el desarrollo del país, la industria turística, el área metropolitana y desde luego los usuarios de la aviación comercial.

Van a poner el capital para generar riqueza y trabajo, por lo que pudieron demandar que se corrija la inversión multimillonaria en una refinería sin viabilidad financiera, y en su lugar se invierta en exploración y producción de petróleo.

Ya nos avisaron las calificadoras que es un error, y de persistir en esa necedad nos bajarán la calificación como país y el crédito será más caro para el gobierno y para las empresas.

¿Por qué no se lo hicieron ver al presidente?

Sus razones tendrán los líderes empresariales para no pedir nada a cambio de sostener al país.

Y si lo hicieron no fue en beneficio del desarrollo nacional ni de la mayoría de las empresas.

Lo único claro es que renunciaron a ser contrapeso y no se puede contar con ellos cuando el país los necesita.