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La generación que surgió en aquel territorio que aún no era Italia ni la Europa actual, es maestra y compañera de vida de Nicolás Maquiavelo, sus más cercanas amistades están en su libro: Epistolario 1512-1527, publicado por FCE en traducción de Stella Mastrangelo. Aparecen así: Piero Soderini, Francisco Vettori, Juan Vernacci, Pablo Vettori, Luis Alamanni, Francisco del Nero, Bautista de la Palla, Bernardo Maquiavelo, Felipe de Nerli, Francisco Guicciardini, Cardenal Julio de Médicis, Roberto Pucci, Ser Vicente, Jacobo Sadoleto, Luis Maquiavelo, etcétera, etcétera. Sus amistades le son maestros y compañeros de vida.
Justo pensando en estos nombres y en los textos que forman el epistolario que es tesoro para comprender la vida y preocupaciones propias del genio de Nicolás Maquiavelo es que he tomado, con afecto y admiración el libro de Norberto Bobbio, en una explicación italiana de para qué sirven las compañías de vida que llamamos familia, amigos y quereres. Dos libros son tema en Bobbio, el primero editado por Fondo de Cultura Económica titulado: Perfil ideológico del siglo XX en Italia con prólogo de Pedro Salazar Ugarte; el segundo libro: Maestros y compañeros, publicado por Passigli, editores, en Florencia. Dos libros que permiten comprender ideologías y política que tiene la Italia que hoy conocemos; península de tesoros que son patrimonio de la humanidad para la UNESCO. País número uno en tal patrimonio, seguido de España, Francia, Grecia o Alemania.
Me resulta interesante así, tratar de comprender a la luz del reconocimiento que hace Norberto Bobbio de sus relaciones, que de cerca o de lejos, le dejan huella en su preparación reconocida en el siglo XX en jurisprudencia, filosofía y política. Respetado por todas las fuerzas políticas —menos por ultraderecha que proviene del fascismo y distintas redes neofascistas—. Bobbio es ejemplo del intelectual moderno, que no está al servicio de los poderes políticos; ahora menos representado por El Príncipe, sino por poderes democráticamente constituidos para la República italiana.
Dos concepciones en diverso tiempo. Uno del siglo XVI y el otro del siglo XX. Cuenta Bobbio en su libro de Maestros y compañeros, dedicado a Eugenio Garin, escribe: “Garin y yo nacimos en 1909 […] haber nacido en ese año significa que a la caída del fascismo teníamos 35 años; habíamos llegado, entonces, a mitad de nuestro camino y, dado que desde entonces han pasado otros 30 años hemos transcurrido en el posfascismo la otra mitad. Quiere decir, en suma, que la conclusión del fascismo ha partido en dos partes casi iguales nuestra existencia. Por más personal o autobiográfico que se el balance de una generación, no se puede ignorar este dato de hecho […].
Revisar a dos politólogos permite comparar desde el pasado al presente las distintas formas de vida de uno y otro. En los dos, Maquiavelo y Bobbio, se encuentra la preocupación por la patria. En uno lo que es el inicio de un destino que parece manifiesto y solo se concluirá hasta el siglo XIX en época del Resurgimiento y los acuerdos con el Vaticano, en ese entonces acuerdo que es frágil a partir de 1870 en adelante; que solo se concluirá en 1929, con el tratado que define la Vía del Concordato, bajo el mando fascista de Benito Mussolini y el papado.
Así lo reconoce Marcel Prélot en su libro Storia del pensiero político, donde dice: “todavía, para ser un politólogo positivo hace falta a Maquiavelo lo esencial, vale decir la objetividad y el desinterés”. Es posible ser científico de cualquier ciencia o área de la cultura humana si no hay un interés al respecto de aquello en lo que se actúa. Bien recuerdo la polémica en Italia en décadas 70’ y 80’ del siglo pasado sobre el tema de: “si científicos son capaces de hacer a un lado la ideología que les conforma ante su labor científica”.
Cuenta Prélot: “Maquiavelo está personalmente interesado: está siempre afectado por la dificultad financiera y por la nostalgia del secretariado: multiplica por lo tanto sus manifestaciones de reconocimiento en confronto con los Medici”. Nadie escapa a las situaciones de su conciencia, que en un libro titulado: La creación cultural en la sociedad moderna, de Lucien Goldmann, publicado por Fontamara en 1992. Cuenta el autor: “hace unos veinte años que ando a vueltas con el concepto de conciencia posible, y no soy el único en el empeño. Hasta ahora siempre enfoqué ese concepto desde un punto de vista psicológico y sociológico; pero creo que también tiene una gran importancia en el plano de la comunicación y la transmisión de informaciones”.
Retornar a Maquiavelo, es comprender su época y sus estudios. El saber si su formación del nuevo científico de la política se forjaba por una pureza de ideas; en las que solo interesan los hechos reales bajo observación del presente y estudio del pasado. Presiones a que fue sometido en su tiempo el florentino son pan de cada día en vida de grandes políticos. Al pensar en Italia veo que no hay destino más trágico que cuando se recuerda al mayor ideólogo italiano del siglo XX: Antonio Gramsci.
Al revisar la Italia del pasado y del presente encontramos figuras emblemáticas como Maquiavelo, Gramsci y Bobbio. Tres politólogos que reconocen en el presente el resultado que viene del profundo pasado. Todo tiene importancia. Escribe Bobbio: “Ppara quien mira su vida dividida por una fractura profunda entre un antes y un después, y considera en momento de la fractura como el momento del renacer, del surgimiento de un mundo nuevo —desde la guerra (¡y qué guerra!) hacia la paz, desde un mundo de terror hacia un mundo de esperanza y de proyectos futuros— es difícil, muy difícil, casi repugnante, aceptar las tesis que sostienen muchos historiadores y críticos más jóvenes sobre la “continuidad”.
Textos a través del epistolario o textos de Bobbio sobre sus maestros y compañeros de vida, así como revisión de un siglo lleno de presencia de ideologías, que fueron capaces de crear esa monstruosidad antihumana del fascismo y el nazismo. Hace poco un amigo me decía que todos los dictadores son iguales y me dejó la duda. Creo sinceramente que Adolf Hitler, sabía que nadie era igual a Él en supremacía y soberbia; bien decía a sus más cercanos que “Italia sería su jardín de descanso, cuando dominara el mundo”. Es decir, a Mussolini solo lo consideraba un peón en su guerra de destrucción y sangre.
Revisar paso a paso la ideología de Maquiavelo, hacerlo siguiendo huellas de Gramsci y Bobbio, permite encontrar tres grandes lecciones de lo que es la ciencia política y sus complejas rutas y laberintos. Hacerlo a través de la lectura que correlaciona amistad, vocación práctica y estudio de la política; así como de la ideología permite comprender cuán afines son en métodos y aciertos. En lectura de dos libros de Norberto Bobbio se leen afectos y admiración por aquellos que les son cercanos en amistad y lecturas o lo contrario, por negativo si es posible. Leer cartas escritas al florentino hace 500 años o de él a sus correspondientes, nos da igual lección.