ESTADOS UNIDOS, 16 de julio de 2019.- Cuando el Apolo 11 tocó por primera vez la Luna hace cinco décadas tres nombres acapararon todo el protagonismo: Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin. Poco resonó entonces el de Margaret Hamilton, la científica computacional, matemática e ingeniera estadounidense que hizo posible el alunizaje en 1969 por haber diseñado el programa informático que controló el funcionamiento de todos los sistemas durante la misión espacial.

La trayectoria vital y profesional de Hamilton sirve hoy de inspiración para numerosas mujeres por haber destacado en un entorno completamente masculino y convertirse, a pesar de los obstáculos, en una de las figuras más relevantes en la historia de la NASA.

Nacida en 1936, inició sus estudios de Matemáticas en la Universidad de Michigan y se trasladó más tarde al Earlham College, donde se licenció en 1958. Su sueño era continuar sus estudios, pero tuvo que desviar la vista de su meta para trabajar como profesora de matemáticas y francés en un instituto y poder costear así la carrera de su marido en Harvard.

Luchadora y tenaz, la estadounidense pudo retomar su carrera años después. Estudió matemáticas abstractas en la Universidad de Brandeis y entró a trabajar con 24 años en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde se involucró primero en diferentes proyectos dentro del departamento de Meteorología, hasta convertirse en directora de la división de ingeniería de software.

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