Un dilema mayor en la gestión de la pandemia ha sido cómo asumir el riesgo. A los gobiernos populistas del corte nuestro, el de Trump en EU, Bolsonaro en Brasil o Boris Johnson en Reino Unido les dio por minimizarlo. Algunos corrigieron. No en México. Algo se debió aprender en este largo periodo de enfermedad y muerte. No ha ocurrido aquí, seguimos en lo mismo: no hay pruebas, se minimiza el riesgo, los gobernantes ponen un ejemplo irresponsable en las medidas preventivas, se manipulan groseramente las cifras, se agrede a quienes intentan dar respuesta y no se convoca al Consejo de Salubridad General para responder colectivamente a la emergencia sanitaria.

El manejo de la pandemia demanda responsabilidad. Bien se sabe del costo humano y económico elevado por las medidas restrictivas, más ahora cuando están por cumplirse dos años de su implementación. La cuestión es que las autoridades federales reinciden en la misma conducta criminal, actualizada con la tesis discutible de que la nueva cepa tiene menor peligrosidad a pesar de la evidencia sobre su altísima contagiosidad. 

El Presidente demanda no alarmar a la población. Días después tiene que salir públicamente a reconocer que dio positivo. Día que pasa hay una cifra récord en contagios. En Europa y en EU ya hay una crisis del sistema hospitalario. Aquí ya empieza. El Presidente con la intención de dar tranquilidad afirma que su afectación es leve. No advierte que 45 por ciento de la población carece del esquema completo de vacunación, y solo una minoría cuenta con inoculación de refuerzo.

México es un ejemplo mundial de mal manejo de la pandemia. Los decesos son casi el doble de los reconocidos oficialmente. Aún así, con las cifras gubernamentales estamos en los primeros lugares de letalidad. Toda información independiente nos pone en un muy mal sitio por lo que se ha hecho. Lo peor es que la historia no ha terminado; más aún, la conducta del Presidente y de su zar covid es idéntica a cuando empezó la crisis por la pandemia.

La respuesta social es crucial para que los gobiernos actúen responsablemente. En EU hay consenso de que la pandemia fue factor para que Trump fuera derrotado en su reelección. Las cifras de Bolsonaro son muy negativas frente al proceso electoral de octubre 2022. Boris Johnson encara un voto de censura en el parlamento por su frivolidad durante la pandemia. En México, López Obrador goza de alta popularidad y los números de López-Gatell en la opinión pública son muy favorables.

El mundo y México han vivido la experiencia más dramática de la historia reciente. La crisis de salud por el covid-19 ha afectado profundamente a la población y puede decirse que hay un antes y un después a partir de esta crisis. En 2022 habremos de vivir el tránsito de pandemia a endemia, lo que significa nuestra coexistencia con el bicho en términos de riesgo controlado. Sin embargo, todavía desconocemos el costo humano por saldar para llegar a esa nueva circunstancia. Federico Berrueto @berrueto [email protected]