Morena Edomex 2027: unidad, territorio y continuidad de transformación
La elección de 2027 representará para Morena una oportunidad histórica de consolidar la transformación del Estado de México (EMX). No se tratará solamente de ganar ayuntamientos o conservar la mayoría en el Congreso local, sino de demostrar que el cambio iniciado con el triunfo de la maestra Delfina Gómez Álvarez puede arraigarse en cada municipio, comunidad y colonia de nuestra entidad. Morena llega como la principal fuerza política mexiquense, respaldada por la confianza popular y por los resultados de los gobiernos de la Cuarta Transformación; sin embargo, esa fortaleza también nos impone una responsabilidad mayor: actuar con unidad, honestidad, organización y cercanía permanente con el pueblo.
En 2027 se renovarán los 125 ayuntamientos y las 75 diputaciones del Congreso del Estado de México (EMX). Será una elección de enorme complejidad territorial, porque cada municipio posee necesidades, identidades y condiciones políticas particulares. No basta con confiar en la fuerza de nuestras siglas ni en la legítima popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la gobernadora Delfina Gómez. La confianza ciudadana debe renovarse todos los días mediante gobiernos eficientes, representantes honestos y resultados concretos en seguridad, agua, movilidad, salud, educación, servicios públicos y bienestar social.
Morena tiene condiciones favorables para refrendar su mayoría porque representa un proyecto nacional profundamente identificado con las aspiraciones del pueblo. Durante décadas, el Estado de México (EMX)fue gobernado como patrimonio de una élite política que confundió el servicio público con el privilegio personal. Frente a ese pasado, la llegada de la maestra Delfina Gómez significó una ruptura democrática y moral. Por primera vez, el gobierno estatal puso en el centro a quienes habían sido relegados y comenzó a construir una administración basada en la austeridad, la honestidad y el bienestar.
Los programas sociales, las pensiones para las personas adultas mayores y con discapacidad, las becas educativas, Mujeres con Bienestar, Alimentación para el Bienestar y las inversiones en salud e infraestructura no son concesiones electorales. Son derechos y forman parte de una nueva concepción del Estado, en la cual el presupuesto público debe servir prioritariamente a quienes más lo necesitan. El reto de Morena consiste en defender esta política con argumentos, organización y resultados, evitando que la oposición distorsione el significado de los programas o pretenda regresar a la época en que la política social era condicionada y utilizada como instrumento clientelar.
El Plan Integral para la Zona Oriente constituye uno de los ejemplos más importantes de esta nueva visión. Durante décadas, millones de habitantes de Nezahualcóyotl, Ecatepec, Chimalhuacán, La Paz, Chalco, Valle de Chalco, Ixtapaluca y otros municipios enfrentaron rezagos acumulados en agua, drenaje, transporte, salud, vivienda e infraestructura urbana. Hoy existe una intervención coordinada entre la presidenta Claudia Sheinbaum, la gobernadora Delfina Gómez y los gobiernos municipales para atender esa deuda histórica. Morena debe llevar al debate público los avances del plan, pero también acompañar su ejecución, vigilar el uso de los recursos y escuchar permanentemente a las comunidades.
Uno de nuestros mayores desafíos será seleccionar a las mejores mujeres y a los mejores hombres para representar al movimiento. Morena no puede convertirse en una simple maquinaria de distribución de cargos ni abrir sus puertas sin ninguna valoración política o ética. Nuestro movimiento debe sumar, pero sumar no significa aceptar prácticas contrarias a los principios de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. La honestidad, el arraigo territorial, la capacidad de trabajo y el compromiso con la transformación deben estar por encima de las cuotas, los grupos y las ambiciones personales.
Las encuestas son una herramienta útil para conocer la opinión ciudadana, pero su aplicación debe acompañarse de transparencia, diálogo político y reconocimiento al trabajo de la militancia. Una candidatura puede registrar un alto nivel de conocimiento y, sin embargo, carecer de identidad con el movimiento. También puede existir un liderazgo social valioso que todavía no tenga suficiente exposición pública. Por ello, la selección no debe reducirse a medir quién es más conocido; tiene que valorar quién posee autoridad moral, compromiso social y capacidad para gobernar.
La unidad de Morena no significa uniformidad ni ausencia de debate. Nuestro movimiento es plural y reúne distintas trayectorias de lucha social, política y comunitaria. Esa diversidad es una fortaleza cuando existe un propósito común; se convierte en debilidad cuando prevalecen los intereses personales. Quien participe en un proceso interno debe comprender que la transformación no puede depender de una candidatura individual. Se puede servir al pueblo desde muchas trincheras y ninguna aspiración personal debe colocarse por encima del proyecto colectivo.
También será indispensable mantener una relación responsable con el Partido del Trabajo y el Partido Verde. La alianza que ha acompañado a la transformación debe construirse sobre coincidencias programáticas y candidaturas competitivas, honestas y arraigadas. La distribución de municipios y distritos no puede concebirse como un reparto burocrático. Cada postulación debe responder a las condiciones del territorio y ofrecer una verdadera posibilidad de representar dignamente a la ciudadanía.
Otro reto fundamental será evaluar el desempeño de nuestros gobiernos municipales. Morena debe reconocer lo que se ha hecho bien, corregir las deficiencias y actuar con firmeza cuando algún servidor público se aparte de los principios del movimiento. La ciudadanía juzgará a los ayuntamientos por la calidad de los servicios que recibe, la seguridad de sus calles, el abastecimiento de agua, el estado de las vialidades y la atención de sus autoridades. Defender la transformación también implica ejercer la autocrítica y no encubrir errores, abusos ni actos de corrupción.
La oposición intentará presentarse como una alternativa, pero carga con el peso de décadas de abandono, desigualdad y corrupción. PAN y PRI pueden reorganizarse, formar alianzas o postular figuras locales; están en su derecho. Morena no debe subestimarlos, pero tampoco debe permitir que se borre la memoria histórica. Quienes hoy prometen resolver los problemas del Estado de México (EMX) tuvieron años para hacerlo y utilizaron el poder para beneficiar a unos cuantos. Nuestra mejor respuesta no será la descalificación, sino el contraste entre dos proyectos: el retorno al régimen de privilegios o la continuidad de un gobierno que coloca al pueblo en el centro.
En 2027 Morena deberá refrendar su mayoría en el Congreso local para acompañar la segunda mitad del gobierno de Delfina Gómez, aprobar presupuestos con orientación social y profundizar las reformas necesarias. También deberá conservar y recuperar ayuntamientos mediante candidaturas legítimas y propuestas adaptadas a cada municipio. No será suficiente una campaña basada en propaganda; se necesitará organización territorial, formación política, diálogo comunitario y defensa cotidiana de las causas populares.
Morena cuenta con el respaldo de millones de mexiquenses porque no nació de los acuerdos cupulares, sino de una larga lucha democrática. Nuestra fuerza proviene del pueblo y solamente se conservará mientras sigamos caminando junto a él. El desafío de 2027 no consiste únicamente en volver a ganar una elección, sino en demostrar que somos capaces de gobernar mejor, corregir nuestros errores y formar una nueva generación de servidores públicos.
La transformación del Estado de México (EMX) apenas comienza. Tenemos liderazgo, proyecto, organización y una política de bienestar que está cambiando la vida de millones de personas. Si preservamos la unidad, elegimos candidaturas honestas, fortalecemos el trabajo territorial y mantenemos una relación permanente con la ciudadanía, Morena volverá a obtener la confianza popular. No por inercia ni por exceso de confianza, sino porque representa la única fuerza capaz de continuar construyendo un Estado de México (EMX) más justo, democrático y solidario.










