Murieron hasta los que llevaban flores al penteón
COATEPEC HARINAS, Edomex., 2 de noviembre de 2026. En los panteones del Estado de México (EMX), el Día de Muertos también deja al descubierto una realidad que contrasta con el colorido de las flores de cempasúchil y las reuniones familiares: la existencia de tumbas abandonadas, algunas cubiertas por la maleza, con cruces que se desmoronan y lápidas que poco a poco desaparecen por el paso del tiempo.
La diferencia se hace particularmente evidente durante las misas que se celebran en los cementerios, cuando cientos de personas se congregan para elevar sus oraciones por los fieles difuntos. Mientras algunas sepulturas están completamente cubiertas de flores, veladoras y arreglos, otras permanecen vacías, sin una sola ofrenda y con señales visibles de deterioro.

En algunos casos, las cruces de cemento comienzan a fracturarse, las lápidas pierden sus inscripciones y las estructuras se desmoronan lentamente. Son tumbas que parecen haber quedado fuera de las celebraciones, como si el tiempo también hubiera borrado el recuerdo de quienes descansan bajo ellas.
Cuando ya no queda nadie para llevar flores
Detrás de estas sepulturas pueden existir historias muy distintas. Algunas probablemente corresponden a personas cuyos hijos, hermanos y demás descendientes también fallecieron, por lo que ya no queda algún familiar cercano que continúe con la tradición de visitar y arreglar sus tumbas.
Otras pertenecen quizá a familias que abandonaron sus comunidades para establecerse en diferentes municipios, estados o incluso en el extranjero, mientras que algunas simplemente no reciben visitas porque sus seres queridos enfrentan problemas económicos, enfermedades o circunstancias que les impiden acudir al cementerio.
La imagen se repite en distintos panteones mexiquenses, tanto en comunidades rurales como en zonas urbanas, donde las tumbas antiguas contrastan con los sepulcros recién pintados y adornados para recibir simbólicamente a quienes, de acuerdo con la tradición, regresan cada año a convivir con los vivos.

Entre las oraciones y el silencio de las tumbas
Durante las celebraciones religiosas del Día de Muertos, las familias se reúnen alrededor de las sepulturas para escuchar misa, rezar y recordar a sus seres queridos. Sin embargo, entre los asistentes también quedan a la vista espacios donde nadie se detiene, no hay flores frescas y las cruces muestran las huellas de muchos años sin mantenimiento.
Aunque la ausencia de visitantes no necesariamente significa olvido, el deterioro de algunas sepulturas refleja cómo el paso de las generaciones puede terminar por romper la continuidad de una tradición familiar, especialmente cuando ya no existen descendientes o personas que se encarguen de conservarlas.

Así, mientras los panteones del Estado de México (EMX) se llenan de música, oraciones, flores y recuerdos durante el 1 y 2 de noviembre, también permanecen aquellas tumbas que nadie adornó. Sepulturas donde el tiempo parece avanzar más rápido y que recuerdan una realidad inevitable: algún día puede desaparecer la última persona que conserve nuestra memoria.





