Murió la coalición de AMLO, viva la coalición de Sheinbaum
Los acuerdos para la sucesión presidencial de 2024-2030 los estableció el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Él fue el artífice de mover el tablero político del país. Lo conocía y lo controlaba, lo que facilitó los acuerdos para que las elecciones de fin de sexenio fueran inmejorables. Los resultados sorprendieron a todos, menos al propio presidente. Había construido una sólida base social que se convirtió en su estructura de movilización electoral.
Lo hizo sin recurrir plenamente a su partido, Morena. Primero, porque no había logrado consolidarse como un partido político nacional y seguía dependiendo del voto del centro y del sureste. Hacia el norte y el bajío del país todavía no se ha consolidado como una opción que compita ideológicamente con el PAN y con lo que queda del PRI. En segundo lugar, porque Morena es un partido-movimiento donde el líder indiscutible era AMLO. Nadie podía sustituir la figura contundente del carismático líder tabasqueño.
La marcha del 27 de noviembre de 2022 fue una demostración de fuerza. Ante los amagos de la derecha, AMLO salió a marchar para celebrar sus cuatro años de gobierno y no dejó lugar a dudas: él era el personaje central. Según estimaciones oficiales, marcharon alrededor de 1.2 millones de personas. La fortaleza del líder del movimiento de la 4T brilló con toda intensidad. La sucesión presidencial estaba asegurada. AMLO podía estar tranquilo: sólo esperó y entregó el bastón de mando a Claudia Sheinbaum.
Para quienes aspiraron a la candidatura presidencial hubo espacios relevantes: algunos fueron al Senado, otros a la Cámara de Diputados y uno más sería incorporado al gabinete presidencial. Para la campaña electoral, Morena fue en coalición con el PT y el Verde. Sin necesitarlos realmente para ganar la elección presidencial, en el contrato electoral se les favoreció con amplia generosidad, pero eran aliados: cumplieron su parte y fueron correspondidos.
Ya en funciones, apoyaron la trascendente reforma judicial para consolidar el cambio de régimen. Básicamente, ahí terminó el acuerdo. La coalición dio la mayoría necesaria para aprobar la reforma que cambia las reglas del poder y rompió el control que el viejo régimen mantenía sobre el Poder Judicial, utilizado por el poder económico como instrumento de presión sobre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Con la reforma judicial se cumplió el objetivo central de la alianza legislativa. Ahora, con el rechazo a la propuesta de reforma electoral enviada por la presidenta, la lógica de la competencia cambia y surgirá un nuevo acuerdo, otro contrato político en el que la firmante será la presidenta Sheinbaum.
Los costos de la negativa a acompañar la reforma están por verse. El PT, sin el respaldo de Morena, pone en riesgo su permanencia en elecciones federales y en algunos estados. Jurídicamente podría hacer alianzas con el PAN, Movimiento Ciudadano y con lo que queda del PRI; sin embargo, aceptar su colaboración podría resultar costoso, cuando lo que estos partidos buscan es asegurar posiciones para sus cuadros y dirigentes.
El caso interesante es el Verde, que más que pensar en las elecciones de 2027 podría estar preparando una coalición con otros partidos, anticipando un rompimiento con Morena e incluso encabezando un frente opositor rumbo a las elecciones presidenciales de 2030. Un posible candidato podría ser el polémico empresario Ricardo Salinas Pliego; pero también alguien que pudiera escindirse de la 4T si la sucesión se sale de control. Ahí podrían aparecer figuras con peso político, como Marcelo Ebrard u Omar García Harfuch.
La coalición construida por AMLO ha concluido; ahora vendrá la que configure la presidenta Sheinbaum.










