Nuestro mundo ya no existe
El conflicto armado entre Rusia y Ucrania, ha generado profundas transformaciones en el sistema internacional, marcando un punto de inflexión en la geopolítica global del siglo XXI. México no es ajeno a esta transformación, puede obtener ventajas o pagar consecuencias.
La guerra ha acelerado la transición desde un orden internacional liberal, bajo dominio de los Estados Unidos (EU), hacia un sistema multipolar. El derecho internacional no es respetado, evidenciando la limitada capacidad de las instituciones multilaterales —como la ONU y la OEA— para resolver conflictos entre grandes potencias. La Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) prácticamente dejó de ser útil. Europa carece de importancia en el nuevo rol geopolítico.
Las sanciones económicas y financieras impuestas por EU, la Unión Europea y sus aliados han fracasado en su intento por debilitar a Rusia, país que ha profundizado su acercamiento a China, India, Irán y otros actores del “Sur Global”; El presidente Vladimir Putin ha redefinido alianzas y cadenas de suministro, particularmente en cooperación militar, tecnológica y energética.
El conflicto armado ha provocado una crisis energética en Europa, afectando duramente a su población, registrando impactos significativos a las economías nacionales. Las sanciones, han generado costos económicos para Rusia, a los países que las han implementado, como a terceros, alterando patrones del comercio internacional. En respuesta a las acciones de Europa y los EU, Rusia ha redireccionado exportaciones energéticas hacia otros mercados. Este reajuste ha modificado precios, rutas comerciales y estrategias de largo plazo en sectores clave como gas, petróleo, granos y fertilizantes.
El conflicto ha impulsado el rearme global. Europa ha incrementado sus presupuestos militares, por presión y dependencia de los EU. Es evidente que estamos ante el desarrollo de la guerra moderna, destacando el uso de drones, ciberataques, inteligencia artificial, guerra híbrida, psicológica y en la comunicación. Rusia ha sorprendido a todos por el avance en el uso de misiles hipersónicos, como el avangard y el oreshnik; con cualquiera, alcanza a Europa en minutos. En general, las experiencias del conflicto están influyendo en doctrinas militares, planificación estratégica y decisiones de inversión en defensa a nivel internacional. México está obligado a ser menos pasivo e impulsar su desarrollo tecnológico.
El nuevo mundo es más inestable, el uso de la fuerza vuelve a ser un instrumento central del poder. Darwinismo puro y duro. La tensión geopolítica es latente, China puede invadir Taiwán, Israel seguir destrozando Palestina y EU atacar en Medio Oriente e imponer su fuerza militar sobre América Latina. Lo que menos ha importado a las partes en conflicto son los desplazamientos humanos y la escases de alimentos. Gaza es evidencia contundente.
China ha mantenido una relación estratégica con Rusia basada en intereses convergentes, especialmente en energía, comercio y coordinación diplomática. El conflicto ha fortalecido la interdependencia económica entre ambos países. La India ha preservando sus vínculos históricos con Rusia, especialmente en materia de defensa y energía. El aumento de importaciones energéticas rusas a precios reducidos ha reforzado esta relación. De ahí la respuesta de los EU para secuestrar al presidente Nicolás Maduro para hacerse del control del petróleo de Venezuela con miras a contrarrestar la expansión económica de China.
El fortalecimiento de los vínculos entre Rusia, China e India, ha contribuido a una mayor relevancia de mecanismos alternativos de coordinación como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. Son plataformas flexibles donde coexisten intereses convergentes y no la subordinación que exige e imponen los EU. En estas dinámicas, China y la India desempeñan un rol central.
Estamos ante la conformación de un nuevo orden mundial. En el que crecimos, ha muerto.










