Personajes demostrativos de la naturalización de género y roles binarios
en Las Puertas del Cielo, de Julio Cortázar
Vamos, obvio se podría decir ¿qué se esperaba de un escritor argentino de mediados del siglo pasado? Pues se podría esperar lo que fuere, justamente vanguardias debían ser. Y en una percepción enteramente personal y honesta, no confrontar los hitos del pasado en cuestiones tan trascendentes como lo es el género y sus roles, sería normalizar o denegar la lucha ejercida para el cambio. Tendríamos que resaltar, que mientras algunos escritores se sienten cómodos en sus calles, hablando del cultismo emergente de las capitales, nombrando sus placeres y sus calles, Alfonsina Storni en las mismas coordenadas, pero 40 años le dedicaba a Mistral:
“Ni una ciudad de pie... Ruinas y escombros Soportará sobre los muertos hombros.”1
Entonces, proponer la obviedad del discurso dada una característica espacio-temporal, sería denegar que en efecto, a lo largo de las eras siempre a existido una vocación por las disidencias de existir y comulgar en el arte, otra cosa es que les hayan negado ser nombrados tan fieramente por la crítica y la academia: círculos institucionales. Después del preámbulo del porqué, pasamos entonces a Julio, del que soy gran admirador y fiel espectador, por lo que me parece importante comentar las notas agrias e inadvertidas sobre su obra, alguien fiel se debe a la verdad. Cortazar es sumamente conocido por embellecer y crear narrativas dentro de su novísimo realismo mágico, creaba mundos modernistas e inexplorados con un genio que le coqueteaba a lo umbrío y a nuevas praxis temporales. El autor del Bestiario se contextualizaba en un ambiente artístico en el que la mayoría de pueblos hispanoamericanos se encontraban construyendo una identidad autónoma mucha de la cual dependía de las artes. Pueblos buscando crecer bajo un nombre propio, externo a las propuestas europeas y separándose de identidades meramente nacionalistas. Esto es importante, pues históricamente la Literatura se ha utilizado, para configurar identidades individuales y por ende a nivel social. Este estipulado es necesario para establecer a nuestra obra dentro de un esquema en donde la normativa de lo que se presentará es palpable dentro de la configuración de la Argentina de 1951. Las Puertas del Cielo, forma parte de los ocho cuentísticas dentro del Bestiario (1982), con los que Cortázar debutó como escritor publicado. Veremos que no es el único título dentro de la recopilación en el que la diferenciación de género por parte de los personajes termina reduciendo la feminidad a meros esbozos de una caracterización, o simplemente cayendo en estereotipar conductas de género de modo en la que se pierde la identidad compleja en los personajes femeninos, o más bien, nunca se propone. Así, podemos preguntamos, ¿cómo es que la función meramente complementaria de los personajes femeninos en Cortázar ha pasado inadvertida? Sí lo que se buscaba era realismo, y se encontró, tanto en la diégesis como en la construcción narrativa ¿por qué las mujeres en sus relatos son meramente esbozos de persona, esquemas de un deber? La masculinidad de explora y se introduce como personaje novedoso, la mujer existe preestablecida.
Pasamos ahora a el cuento en cuestión Cortazar (1987), la propuesta será demostrar la diferenciación tan estipulada de lo que el autor propone con corpus ideológicos de lo que es hombre o mujer. También, será para verificar cómo el personaje, mientras más seguridad mantenga en un esquema de poder de género, también mantendrá la misma opinión de superioridad hacia otras sexualidades (mariconadas, p.116)2, estratos sociales que se consideran inferiores y fenotipos no blancos. Y ¿por qué es importante esta clase de crítica a una obra de hace más de cincuenta años? Porque: “la genealogía indaga sobre los intereses políticos que hay en señalar como origen y causa las categorías de identidad que, de hecho, son los efectos de instituciones, prácticas y razonamientos de origen diverso y difuso” Butler, (38). Esto, como sabemos, no es Argentina de hace un lustro, esta narrativa es hoy. Latinoamérica sufre de las mismas paráfrasis limitantes y violentas de homogeneidades poblacionales y de género. Esto después, se ve traducido en propuestas estéticas narrativas solidas y conformadas, se vuelven estructuras consolidadas y replicables fuera y dentro del mundo narrado. En la siguiente edición propondré el esquema que utilizaré para comentar la obra.






