Personajes demostrativos en "Las puertas del cielo"
Segunda Parte
En la edición anterior tratamos de manera breve la necesidad y la configuración esencial del tema. Incito a los lectores a trasladarse a las tres obras citadas en este trabajo para poder tener una conversación adecuada. Ahora, presentaré algunos puntos a tratar y anudaré sistemas y métodos para realizar lecturas más profundas sobre esta, o cualquier obra. Adelanto que tomaré de otros cuentos presentes en Bestiario: “Casa tomada” (p.11) y “Carta a una señora en París” (p. 21), algunas citas con el objetivo de ampliar y verificar que no es un caso aislado. Puesto que los cuentos son en muchas instancias obras fugaces y por ende necesariamente concisas en su tratamiento, podríamos llegar a resolver que la forma en que el autor construye el imaginario —hombre/mujer— es parte consciente de la realización de la trama, más no es así. La trama va por encima de estas cuestiones, y es esto lo que se le escapa al autor: la normalización de la mujer como un ente arquetípico sin posibilidad de réplica o desenvolvimiento. Esto es una clara representación de lo que el cuerpo femenino significa para la voz narrativa. ¿Y si una voz narrativa puede llegar a estas conjeturas, qué pasa fuera de las Letras?
A continuación, los puntos a desarrollar:
- 1) La ejemplificación por medio del corpus, desde frases hasta ideas completas que muestren una diferenciación clara entre los roles de género y clase, realizados por el personaje principal. Esto nos llevará a la ejecución de violencias sistemáticas de este hacia otros personajes que no son “él” como constructo ideológico. 2) Además de intuitivamente, exploraremos estas frases bajo propuestas hechas por Judith Butler a finales de los 90 para demostrar que estas diferenciaciones normativas se generan a partir de comportamientos y lenguajes específicos. Debemos puntualizar únicamente que las formulaciones de Butler están muy adelantadas a nivel cuestionamiento y entendimiento de los cuerpos discursivos que utilizamos en este trabajo. Aun así, hay líneas tan evidentes entre lo masculino y femenino; el intelecto y la ignorancia, y todo lo que esto significa para la voz que construye. Por eso, solo aplicaremos cuestiones introductorias del trabajo de la autora, como lo es el género performativo: “la performatividad no es un acto único, sino una repetición y un ritual que consigue su efecto a través de su naturalización” (17). 3) Por último, una conclusión de conjeturas sobre el Bestiario, para notar que la normatividad presente, que en efecto considero como violenta, pasa inadvertida por la crítica cortazariana de los últimos años. Violenta en el mismo sentido que comenta Butler: “la vida con género queda relegada por ciertas presuposiciones habituales y violentas” (8). Claro, el género en sí es violento, solo que en este caso hay un violentador y una serie de disidencias —de género, raza, orientación y hasta de modos de vida— violentadas. Se expresa el caso habitual de que el ser más normativo —hombre blanco heterosexual— ejerce la violencia hacia todo lo denominado y dominado como otredad, únicamente porque tiene que mantener el control, el poder.
En la siguiente entrega comenzaremos con los asuntos formales de la obra y a ejemplificar con citas. Para este punto sería interesante comparar si nuestras lecturas han sido similares, si la normatividad nos atraviesa de manera contigua o si los textos no nos dicen nada más allá de la belleza.










