Picotazo Político: de veredas a la electromovilidad
Fue el ingeniero militar Manuel Agustín Mascaró quien en 1795 trazó sobre antiguas veredas el camino real que conectaba al corazón de la Nueva España con Toluca; compuestas de piedras y lodo, lluvia y la inmóvil neblina, el claro encuadre para que a paso de caballo o de diligencias, fuesen los arrieros y comerciantes los ocupantes de esa vena comercial; siglos atrás, fue la ruta de los tamemes (cargadores) de los reinados del gran lago de Texcoco hacia el frío valle de la tierra del maíz ('Nepintahuihui'), los mexicas, poco después la llamaron Tollocan y fueron los españoles que la bautizaron como San José de Toluca, hoy Toluca de Lerdo.
Un pasado en el que no se vio una sola gota de chapopote, ni de casetas de peaje, solo caminos viejos, pasos reales, veredas en la que los hombres de aquella época veían pasar semanas ante el ritual del comercio y de viajeros entre villas o haciendas.
Y lo que fue en algún tiempo un problema de sinuosas distancias hoy lo es, pero en sentido inverso, pues no podemos negar que vivimos tiempos de sobreconexiones en las que siempre hay forma de llegar, pero con el detalle de la mala calidad de los traslados, como resultado del abandono durante décadas de la gran maquinaria de la movilidad en el Estado de México (EMX)… obras de bacheo o de encarpetamiento como fieles retablos de la corrupción, que se asomaban cada vez que había elecciones. Por ello, el rescatar el sistema arterial que comunica a la gran sociedad ha sido una de las tareas más complicadas de esta administración.
Ya vimos el trabajo titánico que significó arreglar el periférico norte y la recuperación de calles y avenidas de los municipios del Plan de Oriente y seamos justos, es la primera vez en décadas que el gobierno se la toma en serio, un mérito de la maestra Delfina Gómez y su equipo relacionado con la movilidad.
Porque las personas en el Estado de México (EMX) no son distintas a las de hace un siglo, pues en esencia se busca lo mismo en cuanto a movilidad que es seguridad, rapidez y calidad de las vías que nos acercan a los destinos.
Basta ver la oficina de Juan Hugo de la Rosa, secretario de movilidad, quien ha puesto la bandera en la luna de las iniciativas. El plan para la electromovilidad platicado por él e impulsado por la maestra promete ser una solución de gran calado, que va más allá de la necesidad de darle un respiro al medio ambiente al dejar el transporte de diésel y gasolina y entrarle a la futurista versión de camiones articulados totalmente eléctricos… ¡bien por eso!
Al frente de esta maqueta ocupa un lugar preponderante el replanteamiento de nuevas rutas, con esquemas lógicos al servicio de las familias (es decir, respondiendo a las necesidades sociales), con un blindaje que no represente un peligro por las zonas y que quien viaje, lo haga no solo en un electrotransporte sino en una carretera o vía bien hecha, sin socavones, sin miedo a los asaltos, sin espacio para el crimen, reduciendo la desesperanza.
No soy especialista en el tema de la electromovilidad, pero entiendo que todo aquel proyecto que hable de energías renovables tiene que ser abrazado por la sociedad (ojo: la presidenta Claudia Sheinbaum no suelta el ecologista ángulo de que todo el transporte público sea eléctrico).
La movilidad no tiene que seguir siendo una fotografía en color sepia, debe ser una puerta inteligente hacia una mejor calidad de vida de todos, por lo que un personaje con extraordinarias credenciales y gran oficio político como Juan Hugo de la Rosa garantiza los buenos resultados y cumple con el respaldo que la Gobernadora le ha conferido.
Vendrán muchos detalles técnicos y de logística para ir ensamblando el mundo habitual con el de la electromovilidad, incluso habrá las ya acostumbradas voces que quienes como deporte nacional tratarán de trastocar esta política pública, pero, afortunadamente se vislumbra un trabajo que se irá traduciendo en mejoras de rutas y vialidades, bajo principios de transparencia y claridad en las inversiones para que los ciudadanos no paguen excesos de obra pública, por ello es que, observamos, en las mesas de trabajo del secretario de la Rosa su buena mano, lo que significa el derrumbe del viejo paradigma del transporte público para el estado, ese que durante años fue etiquetado como uno de los más deficientes del país.
Digo, lo honesto es que estas historias también sean contadas.






