Picotazo político: es el turno de un pato
No puede dejar de sentir uno el apretón en el pecho ante el llanto de las madres buscadoras, ni tampoco se puede ir en contra del reclamo por localizar a sus familiares, ya que se trata de una carga emocional que no deja espacio para la antipatía; nadie en su sano juicio diría que están mal.
Por ello, el tema se convierte en uno de esos archivos vivientes en el que los márgenes de discusión son nulos, pero la gravedad del asunto también nos debería acercar a un análisis mucho más frío y no en lo que hoy se ha convertido: una vulgar bandera política similar a la de los 43 de Ayotzinapa, sin en ningún momento quitarle legitimidad a la causa, pero sí a los que hacen de ella su bandera y pretexto para sangrar el presupuesto.
El reclamo de estas madres buscadoras es real, pero también lo es la perversidad de muchas manos interesadas en que esto se convierta en el Ayotzinapa de la Presidenta Claudia Sheinbaum, a quien las y los operadores de estos movimientos decidieron llevarlas a las calles, empatando la agenda de la CNTE y con los de la Normal Isidro Burgos. Causas disímbolas, opuestas.
El momento mundialista sirvió como el encuadre perfecto para que se hartaran los comentócratas del Ajusco y sus jilguerillos de repetir que la mandataria no las quería recibir. ¿Cuándo esto se convirtió en una trampa de picaportes?
El gobierno federal había dispuesto una mesa de diálogo con la Secretaría de Gobernación y un equipo de funcionarios de alto nivel para atenderlas.
¿Las solas reuniones entre dichas organizaciones y el gobierno federal servirán para localizar a las más de cien mil personas que no aparecen? No, aunque se establezcan los mecanismos de búsqueda, protocolos y toda la buena voluntad que ha demostrado la parte oficial. Se requiere de algo más.
De verdad, quisiéramos creer que así será, pero esta administración también se enfrenta a los lastres que conllevan a todo un sistema que desde las décadas de los 60 hicieron desaparecer a todos aquellos enemigos del sistema (Grupo Eureka de Rosario Ibarra de Piedra es de las fundadoras). Hablamos de cientos de miles de seres humanos que no han podido ser localizados y que, lamentablemente, sus restos permanecen en alguna de las múltiples fosas clandestinas del país.
¿Sabía usted que el gobierno federal ha ofrecido a muchos reclusos bajarles la condena si dicen en dónde arrojaban los cuerpos de sus víctimas? ¿Podemos afirmar que esa misma voluntad del gobierno de Sheinbaum se replica en los estados de la República que cargan con esas cicatrices?
Jalisco, acerquemos la lupa y observemos al estado que ocupa el primer lugar ante esta tragedia: 15 mil 300 personas contabilizadas y se menciona que podrían ser el doble, una pandemia de muertes y de no localización que no puede ser entendida sin la presencia de las cuatro siglas de un cártel y la simbiosis con prácticamente todas las estructuras de gobierno. Así es, principalmente de los naranjas que gobiernan allá, pero abarca a todas las banderas políticas. ¿Cómo se puede dar respuesta inmediata a los deudos si el obstáculo más fuerte no son los grupos criminales sino sus albaceas políticos?
Lo sé, los colectivos de madres buscadoras en Jalisco, Sinaloa o Veracruz, o el estado que se encuentre infectado, cargan sobre sus hombros con una tarea titánica, pero igual sucede con quienes desde la buena voluntad y deseos de ayudar lo hacen en el gobierno mismo, enfrentando el cáncer del crimen organizado, de policías corruptos de todos los niveles y políticos amafiados. Pero eso lo saben al interior de los colectivos, pues han sido las instancias federales las que les han prestado mayor atención, a diferencia de los gobiernos estatales, y ya ni mencionar a los municipales.
Suena trillado, la guerra de Calderón en contra de los narcos potenció uno de los fenómenos más dolorosos de la historia moderna: la desaparición de miles de seres humanos. Lo difícil será saber quiénes pertenecían a algún grupo criminal o quiénes eran realmente inocentes. A estas alturas da igual, hablamos de seres humanos.
Lo lamentable es que a ras de suelo de la opinión pública se hable desde la más profunda de las ignorancias, sin el calado de una de las heridas más dolorosas y en la que los niveles de impunidad nos regresan a las épocas revolucionarias, en las que ir a parar a una fosa clandestina era la norma. A diferencia de otras épocas, en esta administración sí se han visto mayores pistas de entendimiento y respuestas.
Solo que será difícil convencer a quienes centran el debate en el “¿Por qué la Presidenta invita al Pato a las mañaneras y no a las madres buscadoras?”. Me consta, el diálogo siempre ha sido permanente y de solidaridad con el dolor de estas personas. Pero el nivel de razonamiento de las y los opinadores de redes sociales quizá deberíamos empezar por ahí: por cuidar lo que se opina en temas tan dolorosos, porque hacerlo desde la facilidad de una red social o una pluma, también es echarle tierra a las fosas que nos faltan por localizar. Penoso.






