Picotazo Político: la caja de Pandora
Pues yo venía por lo de la defensa de las audiencias y que nos enteramos que detrás del grito histérico de 'censura' de muchos colegas se escondían montañas de mentiras y de una grotesca resistencia para aceptar que las impolutas voces del periodismo que conocemos habían mentido en algún momento de su carrera. Benditas redes y bendita memoria, misma que nos ha permitido revivir no muy viejas posturas de los que hoy nos advierten la llegada del apocalipsis del silencio por parte de estos profetas de los últimos tiempos ¡je!
Hace unos años aceptaban que sí, que los periodistas mentimos (¡cómo se disfrutan los videos de Sarmiento!), pero ahora les toca salir con el rostro frío y los ojos lacrimosos a aseverar que no, que nuestro apostolado es sagrado y que de nuestra boca o pluma jamás se oirán falsedades.
Los señoritos de TV Azteca y ese enjambre de cristalitos que hablan de censura no tiene ni una maldita idea de los lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias, pues no se han tomado el tiempo de leerlos antes de vaciar sus miedos e ignorancia en sus espacios informativos, ya, háganse ese favor.
Y si se pregunta por mi baúl de vergüenzas, si, también me tocó bajo la instrucción y muchas veces la amenaza de la nómina seguir líneas editoriales para zumbarnos a los enemigos políticos de la empresa, ojo: sin mentir, aclaro, solo se hacía (previa instrucción) mayor énfasis en alguna nota, por eso el colega que se llame sorprendido por esto, nos debería sorprender más.
Como usted sabe, querido lector, debido a la columna del Picotazo Político de la semana pasada donde abordé este asunto, fui convidado a compartir micrófonos con Poncho Gutiérrez de Enfoque Noticias y con Alejandro Cacho del Heraldo Televisión, muy respetados colegas, quienes me permitieron decir lo que aquí he escrito y que se resume en pocas líneas: “la defensa de las audiencias despertó la histeria de aquellos mismos que le han regateado al auditorio honestidad y veracidad, tanto en sus opiniones como en la información que emiten” y que “en ningún párrafo de la propuesta del Gobierno he encontrado una grieta, una fisura que permita sospechar que nos van a censurar”, de verdad agradezco a Stereo Cien y a el Heraldo que una voz no oficial del sistema como la mía pueda expresar esto, lo que demuestra que en el terreno de la práctica existe verdadera libertad de expresión y no esa pócima venenosa de la censura (aquí es donde sugiero a los López San Martín que revisen aquel capítulo del gorilezco golpe de Luis Echeverría en contra de Excélsior de Julio Scherer García en 1976, ese sí fue un brutal acto en contra de un medio valiente y no las payasadas que alegan los bufones del virreycito del Ajusco).
Más allá de las revelaciones de que en los medios habitan los manipuladores, unos menos, otros más, es oxigenante vivir en estos tiempos en donde por fin, se busca atender a ese sector vulnerable de las audiencias, cuya fragilidad no es porque sean un colectivo de disminuidos mentales, sino que por años han sido tratados como carne de cañón digital, a la cual, una campaña en contra o a favor de determinado tema suelen moverlos por las rutas emocionales y no intelectuales. Sin mayor recato de los medios.
Ahí es donde el periodismo y los vasos de la comunicación entramos en deuda con quien está del otro lado de la radio o la televisión, pues para algunos informadores les ha redituado más el alimento del odio que las vitaminas de la razón ¿que por qué? Debido a las audiencias han sido despreciadas bajo un trato de rebaño, reconocido y aceptado por el publicista Carlos Alazraky, quien sostiene que la ruta es “mentir” para contar con audiencias manipuladas para activarlas en tropas de presión, opositores a todo y ajenos a la autocrítica. Una joyita.
Por ello es que una propuesta del calado de un árbitro que defienda a las audiencias se antoja como un importante paso al blindaje de lo que ya no debe ser, la distorsión de los mensajes sin consideración de las audiencias. Eso es todo, guste o no, esa es la columna vertebral de la propuesta y los periodistas -conductores - opinadores - locutores y “expertos de ocasión” no deben (debemos) sentirnos agredidos, no somos ministros de culto defendiendo los cuatro evangelios ni deberíamos ofendernos porque cuestionan al niño Jesús de las noticias.
El defensor de las audiencias es, por la naturaleza de la propuesta, una gran oportunidad para que los medios que la practiquen caminen hacia lo que otros ya han hecho, que no es más que fortalecer la libertad de expresión con altura de miras y no lo que a ratos nos hemos convertido: en baños de terminal camionera o de mercado, ¡perdóneme lo gráfico!
Es vital entender que los defensores de las audiencias no son agentes del gobierno, no son 'interventores de la Secretaría de Gobernación' como ocurría en los programas de concursos de la televisión o radio, tampoco serán nombrados por algún funcionario público, sino por las propias empresas (a eso se le llama corresponsabilidad), dicha figura debe ser la primera garantía de que a los concesionarios les importa de verdad sus auditorios y la calidad de los contenidos.
Veníamos por las audiencias y el derecho a ser defendidas, pero nos encontramos con la caja de Pandora de las mentiras, ¿ya vio usted porqué es importante la figura de un defensor? Si, exacto, justo para defendernos de esta clase de informaciones que distorsionan la realidad, vaya paradoja, necesitamos un árbitro para defender las reglas del juego que le darían vida.






