Picotazo Político: la DEA
Veámoslo así, la Agencia Antidrogas de los EUA (DEA) no sirve, sus números son para declararla en quiebra. Desde su creación en 1971, un primero de julio, decretada por Richard Nixon, sus resultados no han correspondido con la intención de acabar con el número de adictos. En ese año de 1971, los EUA vivían una pandemia de consumidores de droga; se calcula que un millón de adictos engrosaban las gráficas de este fenómeno, la mayoría de ellos eran excombatientes de Vietnam, quienes consumían enormes cantidades de marihuana y sustancias más duras como el crack o la heroína. Nixon creyó que atacando a los países productores modificaría el repudio que los norteamericanos le manifestaban —recordemos el fracaso de Vietnam— y, fiel al guion de Washington de no aceptar su responsabilidad, optaron por victimizarse y atacar a las demás naciones. La DEA, a más de 50 años de su creación, no solo se ha visto involucrada en actos de intervención y espionaje en otras naciones, sino que en todo este tiempo sus nulos resultados se reflejan en que el mundo de los adictos pasó de un millón a más de 64 millones de consumidores en Norteamérica. La DEA, si fuese una empresa, sería el modelo perfecto de la derrota y su quiebra.
En el caso de México, esta agencia posee oficinas en Tijuana, Mérida, Ciudad Juárez, Hermosillo, Nogales, Monterrey, Mazatlán, Guadalajara, Matamoros y Ciudad de México. El número de personal es una zona gris para el gobierno de México, pues es muy difícil saber con precisión cuántos de verdad trabajan para estas siglas. Un mecanismo que les permite diluirse son sus numerosas entradas bajo la máscara de turistas, pero todos tienen un solo objetivo: no resolver a cabalidad un problema que es absolutamente responsabilidad de su gobierno y sus inexistentes políticas para combatir desde dentro el brutal consumo de drogas. La DEA es una manera de distracción para golpear los avisperos de los vecinos y tratar de ocultar el elefante de las adicciones que se encuentra en el centro de la sala de los EUA.
Me ha llamado la atención que en el menú de la propaganda de la Casa Blanca (y no me refiero a estos tiempos de Trump, sino de varias administraciones hacia atrás) se han empeñado en vender el papel de esta agencia como una suerte de templo del bien, cuyos agentes muestran el rostro de la pulcritud profesional y humana. El caso de la serie de Netflix titulada NARCOS los retrata, en el capítulo relativo al cártel de Guadalajara y Miguel Ángel Félix Gallardo, como los buenos, BUENOS ¡buenos! de la guerra entre el cielo y el infierno, entre los angelitos de la DEA y los satánicos narcos.
Si tiene usted ganas de lecciones de hipocresía, asómese a esta producción y constate que la DEA no rompe un plato… aunque la muerte de "Kiki" Camarena haya sido no porque le pisaba los talones a Félix Gallardo, sino porque habría descubierto que su gobierno —era presidente Ronald Reagan— tenía una serie de convenios con el cártel de Guadalajara para enviar armas a los guerrilleros de Nicaragua, conocidos como los Contras. Un negocio que se resume así: los narcos mexicanos utilizaban aviones para meter cocaína y marihuana a los EUA y desde allá traían fusiles y municiones para la entrega en Centroamérica. El agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena lo descubre y es silenciado con la aprobación de sus jefes en Washington. Esta historia fue documentada por el periodista —también asesinado— Manuel Buendía.
Ya en tiempos más recientes, dicha agencia cometió uno de los errores más bestiales: la fabricación de un expediente para atrapar al exsecretario de Defensa Salvador Cienfuegos, uno de los casos más vergonzosos para dicha agencia.
Así que, sirva esta pequeña ficha de uno de los rostros de la hipocresía norteamericana, la misma que sigue sin explicar por qué en los EUA se mueven con total facilidad cientos de toneladas de drogas que son acercadas al consumidor final sin ningún tipo de problema. A eso, perdón, se le conoce como simple complicidad. ¿La DEA cómplice de los cárteles de cuello blanco de los EUA? ¿Institución que solo existe para justificar la histórica visión intervencionista con altos costos en vidas humanas? El chiste se cuenta solo.










