Picotazo Político: la derecha de mier...
Sentados a la derecha del líder del Congreso o representante de la Asamblea Nacional, los diputados defensores del rey Luis XVI optaron por esa ubicación durante los duros años de la Revolución Francesa en 1789.
A la izquierda, los defensores de la revolución, un grupo contrario al respeto a la monarquía y a las prebendas de la iglesia, que no siempre fue un tema de fe, sino de política y poder.
La línea de la historia se movió tradicionalmente por ambas pistas, la derecha y la izquierda. El terremoto social provocó que cualquier movimiento se convirtiera en un campo de batalla entre liberales y conservadores. Conservadores de qué o de quién: de un estatus rancio en el que quienes ocupaban la cima económica, religiosa o política jamás perdieran sus privilegios.
Para ellos, un rico debía serlo por siempre, convenciendo a los demás de que los pobres podrían dejar la miseria algún día, siempre y cuando fueran obedientes. La iglesia tradicional jugó un papel cómplice para que el andamiaje del poder no fuera alterado, salvo por ellos mismos. Desde el púlpito se predicaba que ser pobre era garantía de cielo, condición sine qua non.
La derecha se construyó desde las mentiras, rebosó en hipocresía y blindó durante siglos a quienes detentaban el poder, impidiendo que los hambreados del mundo lo alcanzaran. Solo cuando la izquierda labró su propio legado comenzó a ser atacada con dureza.
Quienes poseen recursos infinitos controlan gobiernos y sus aparatos de poder, siendo la propaganda la más efectiva. La Guerra Fría fue el mejor laboratorio para sembrar la demonización contra el comunismo, mostrándolo como producto del diablo. Presidentes estadounidenses erigieron campañas acusando de comunistas a quienes simpatizaban con la Unión Soviética, convirtiendo por miedo a millones en esclavos del “maldito socialismo”.
El socialismo trajo consigo personajes brutales como Stalin, compitiendo con bestias como el conservador Hitler. Del lado de las víctimas, un obrero, profesor o campesino que quisiera cambiar su vida era encarcelado o asesinado: la izquierda debía morir, los pobres solo podían ser pobres.
El libre mercado de Reagan y Margaret Thatcher tenía que fracasar y lo hizo, como lo mostró el crack bursátil de 1929 y sus consecuencias globales. El neoliberalismo nunca derramó ganancias hacia abajo; los ricos se hicieron más ricos.
En medio de las grietas surgieron figuras con sentido más equitativo, como Lula da Silva en Brasil, con el programa “Hambre Cero”, exitoso en mitigar la desnutrición. En México, la copia con la “Cruzada Nacional contra el Hambre” fracasó.
Con la llegada de López Obrador, se derrumbaron mitos: México no se convirtió en Venezuela ni Cuba por extender apoyos económicos y aumentar el salario mínimo. Los pronósticos de la derecha se equivocaron.
Los anuncios funestos contra la presidenta Claudia Sheinbaum también se desmoronaron. México, con timón hacia la izquierda, ha mostrado resultados económicos y avances en el combate a la violencia.
La izquierda mexicana ha dado mejores resultados que en los últimos 30 o 40 años, aunque no ha estado exenta de corrupción. Algunos personajes se ensoberbecieron, pero son los menos. La derecha aprovecha esos casos para atacarla con propaganda.
La derecha en México no tiene futuro: compra medios, periodistas y bots, pero nunca ha ganado una guerra moral.
La derecha está en el ridículo pizarrón de la historia. La mierda está en la derecha. Y ahí se ve bien. Con todo respeto.






