Picotazo político: la escuelita
De la escuela y sus pequeños inquilinos nos acordamos cuando algún debate se abre sobre el calendario o los exámenes que miden la capacidad académica de nuestros niños. De no haber levantado el avispero con las declaraciones de Mario Delgado sobre la conclusión de las actividades escolares, estaríamos inmersos en el mexicanísimo ejercicio del “sacarnos la basurita del ombligo", así somos, un público reaccionario y en lo absoluto proactivo, pero bien, Mario Delgado, con todo y lo intragable que es, ha tenido razón, sobre todo en el campo de que los ciclos escolares, ya en sus últimas semanas suelen ser una oda al arte de “matar clases" pues seamos honestos, también nosotros íbamos en esa recta final a echar relajo, una o dos semanas de Jauja, la verdad yo amaba esas fechas pues le hacíamos creer a nuestros padres que de verdad aprovechábamos esos últimos días … cuando en realidad la primaria o secu se transformaba en una guardería del relajo.
Pero esta introducción no es lo importante, lo de peso es preguntarnos si el sistema educativo mexicano, la escuela pública y sus programas son útiles para entonces sí, discutir sobre algo más relevante y que tiene que ver con la cimentación intelectual y académica de los futuros ciudadanos del país, y que me perdonen las plañideras del momento, es una verdadera estupidez del calendario castigando a los padres que deberán lidiar con sus hijos por hasta tres meses. ¡Pues está bien! Y coincido, ¿quién dijo que las aulas son anexos y que ahí estarían mejor que en sus hogares?, babosadas.
Y esto revela un monumental engaño, uno que nos ha hecho creer que las escuelas y sus maestros son los responsable de la educación de esas juveniles mentes, no es así, hemos vivido engañados, pues la educación como un todo para la formación de la personalidad, con sus fundamentos éticos, es un río distinto y que pasa por el núcleo familiar… y ahí es donde las máscaras hipócritas se esconden pues no he escuchado a alguna madre de familia asumir esto que es tan sencillo pero muy difícil de reconocer: el grave déficit que existe en millones de hogares en cuando a la formación educativa de los hijos… y claro que no todos son así, conozco varios ejemplos de heroicas madres que con dos o tres trabajos (o con uno, ya son las heroínas que conocemos) tienen la fuerza para no quitarle el ojo a sus hijos, mujeres (y hombres) con un alto sentido de conciencia quienes promueven las mejores semillas entre sus pequeños convirtiéndolos en potenciales buenos ciudadanos, grandes profesionales, gracias al binomio de padres, madres de familia y educadores.
Lamentablemente no todos lo ven así, pues la imagen de papás y mamás babeando frente al celular ya son comunes, creyendo que es en la escuela en donde habrán de atender y corregir a sus crías, no solo en instrucción sino hasta el domesticaje y que no terminen como potenciales delincuentes hijos de Peso Pluma.
Algo que nos resistimos a aceptar es que el sistema educativo nacional (y prácticamente de muchas naciones de medio pelo) es una de las más finas maquinarias para la generación de ejércitos de obreros, seres que sepan sumar y memorizar, pero no razonar, que las fuentes culturales de las grandes mentes sean inaccesibles para los estudiantes y no por que sean de otro planeta, solo que una de las mesas en donde se debería armar la estrategia está ausente, me refiero en los hogares mexicanos, ahí donde reinan las plataformas digitales para intoxicarse de series y algo peor, telenovelas, vomitivas telenovelas, así como futbol de baja calidad (Liga MX) y los grandes ausentes, los libros, y algo más difícil de ver: padres y madres de familia leyendo libros y poniendo el ejemplo de que no es la escuela pública en su totalidad la gran responsable de que a un niño le reaccionen las neuronas.
¿Dígame cuántos casos de éxito conoce en donde un niño bien orientado por sus padres y dirigido por sus profes haya fracasado en la obtención de sus metas? Una niña de Oaxaca, Mónica Ortiz, se convirtió en la primer astronauta análoga… gracias a su entorno familiar y académico.
O la de un jovencito que de Chiapas vino a estudiar economía en el Poli, con todas las desventajas, pero con una herramienta poderosa: los libros que tanto le insistió su papá para que leyera. Hoy, Eduardo López posee cuatro posdoctorados y se encuentra cursando el quinto y es una autoridad en materia de transparencia en el país.
Y le diré cuál es el peor error que cometemos los padres: no impulsamos las vocaciones de nuestros hijos, si a la niña no se dan las matemáticas y da muestras de genialidad para la danza, nos aferramos de manera enferma y cargados de proyecciones de nuestra infancia, obligando a que estudien matemáticas cuando ni hoy ni nunca les servirán, dejando de lado a una potencial artista de ballet o literata o pintora… somos, los padres y madres, parte del problema y no de la solución cuyo resultado lo observamos en un ejército de jovencitos graduados próximos a arrastrarse llenos de frustración por no haber hecho lo que sus talentos les gritaban, eso sí, amansados para ser parte de la gran maquinaria de obreros con licenciatura y rehenes de las compras a meses sin intereses de las modernas tiendas de raya como Elektra.
No invento si digo que a este México le podría ir mejor en el futuro si todos, abuelos, tíos, hermanos y por supuesto los titánicos profesores y profesoras reorientáramos la forma de enseñar y educar (comenzando por entender la diferencia entre ambas), pero el mayor error es creer que un celular o una tablet de regalo calma a nuestros hijos, que los entretiene y así no están dando lata y creer también en que solo los maestros están obligados a corregir a los chamacos, no, es hacerse tonto uno solo. En realidad al país lo hemos condenado a repetir los mismos errores históricos, hijos y nietos que calcan la miseria económica e intelectual que sus abuelos o bisabuelos, todo por creer que mandar a la escuela a los chavitos es un acto de responsabilidad y de amor a ellos, cuando en realidad lo que muchos quieren hacer es deshacerse de esos latosos que no las dejan ver los bajísimos programas de chismes de TV Azteca. Dejémonos del bajísimo debate a la altura de los espacios informativos y respondamos con honestidad lo siguiente: si usted que me lee hubiese sido debidamente apoyado para realizar sus sueños académicos, ¿cuál sería su calidad de vida?,¿se sentiría pleno?
Ahí, en su reflexión interna, se encuentra la brújula de todo este texto. Y esto ni repitiendo mil planas parece que lo entenderemos.










