Picotazo Político: plata o plomo
Trump vive con la realidad alterada, recibió la humillante derrota militar en Irán y ello provocó que pusiera a su país en la antesala de la recesión económica. La inflación se ha disparado y tres de cada cinco ciudadanos lo detestan. Los festejos por el cumpleaños número 250 de los EUA han dividido al pueblo yanqui; cientos de miles de personas que votaron por él se declaran decepcionadas, esto incluye a parte del bloque latino que mira con lágrimas en los ojos las redadas antiinmigrantes del ICE.
Nada, nada, lo que es nada le ha salido bien al mandatario estadounidense y hasta la colección de presidentes latinoamericanos que se declararon fanáticos de su causa han podido marcar algún tipo de diferencia que los coloque como alumnos sobresalientes de las aulas trumpianas. Son pequeños clones, mini psicópatas con aires de grandeza… Milei de Argentina merece estar en el psiquiátrico.
Y creámoslo, Trump está muy cerca de no terminar su mandato, algo que he sostenido en diversos espacios de radio y TV, pues el Presidente se convirtió en un peligro para los EUA, aunado a que el ala pensante de la clase política, empresarial, intelectual, académica y de líderes sociales o del espectáculo no dejarán pasar el escándalo de Epstein, un asunto que Trump y sus cómplices han tratado de enterrar para que las dolorosas páginas de abuso sexual contra niños y niñas no le exploten. La posibilidad es real y no son pocos los analistas que comienzan a susurrar una eventual renuncia, enfermedad o lo que le vaya a tocar al desquiciado Donald Trump. Para nadie es un secreto que su desequilibrio mental los ha empujado a las playas de la recesión, mientras que China —que era el objetivo inicial— sonríe y sigue creciendo en comercio.
Y a México le ha tocado una de las peores partes de este reality show, pues fieles al guion histórico de que nosotros somos el mal que les aqueja, la administración de la Casa Blanca no ha detenido ni presiones ni ataques. La lengua de Trump utiliza las balas para fusilarnos con un fenómeno regional que los EUA provocaron: el narco no creció en este país por generación espontánea ni se convirtió en una suerte de empresa multinacional que abastece de drogas al mayor mercado consumidor de América, los adictos gringos. Allá no es atacado el problema desde el ángulo clínico ni de los entornos sociales; para Trump solo existe un culpable: México, narcos y sus políticos. Pero las ganancias millonarias no se tocan, esas tienen una bóveda privilegiada en Wall Street o entran al reino de las criptomonedas, tan del agrado del propio Trump.
Lloviendo sobre mojado, Trump ordena que el T-MEC sea pasado por el chorro de agua fría y le aplica descargas eléctricas. Eso sí, los EUA pudieron haberse salido del acuerdo comercial, nada los detiene en el papel, pero opta por la fórmula de las amenazas arancelarias —que solo golpearon al bolsillo de sus ciudadanos— e intenta aplicar la misma receta que a Irán al amenazar a México, ya sabemos, con lo de los narcos, huachicoleros, políticos mafiosos y el sobado guion que aquí la derechiza le aplaude.
El T-MEC, para la desgracia y gastritis del tal Donald, opera con una lógica distinta a sus dos neuronas, pues el enorme mercado comercial de la región lleva varias décadas sirviéndose de las bondades de la geografía y sus accesos laborales, es decir, del enorme grado de integración alcanzado. Trump ha fracasado —otra vez— al querer llevarse a su país a las armadoras automotrices instaladas en México, ya que no es razonable ni económica ni laboralmente. La mano de obra dicta el ritmo de los precios; nadie en los EUA querrá comprar un auto mucho más caro solo porque fue ensamblado por un obrero nacionalista, muy gringo… eso sí, más caro.
Ahí entra la respuesta a la balanza comercial entre México y los EUA. En marzo de este 2026, México se posicionó como el principal socio comercial de los EUA. Añadamos que se da en un entorno mundial de incertidumbre: los EUA centraron su economía de importaciones en 17 % con nosotros y les compramos el 15 % del total de lo que producen, manejando un arancel promedio de poco más del 3 %. Esas ventajas no las tiene EUA con ningún país del mundo.
Trump no quiere ver esta realidad, solo la que sus demonios le susurran al oído y, al querer ponerle una pistola en la sien a su vecino del sur, vuelve a empujar a su nación a un bucle en el que, por su locura, estaría provocando que los bolsillos de sus electores terminen en quiebre financiero. Solo un terco o un idiota (pueden ser las dos cosas) se atrevería a matar a la gallina de los huevos de oro que le resultó un tratado comercial con México y Canadá.
Por ello insisto: Trump va que vuela para que lo “renuncien”, pues a los gringos los puedes convencer de que envíen a sus hijos a guerras y regresen en ataúdes, pero jamás, jamás les toques la cartera y los hagas pobres. Con eso serían capaces de quemar la Casa Blanca. Recordemos que si algo los caracteriza es su alto nivel de consumo, aunque sea a crédito, y este se sostiene con confianza en sus mercados.
Y francamente, no creo que Trump lo entienda.






