Premoniciones de la debacle
Las protestas en Guadalajara por el problema del agua y el reclamo generalizado en el país por los trabajadores del sector salud plantean una crisis más profunda de lo que se alcanza a percibir. Ya antes, agricultores y transportistas exhibieron músculo y dejaron testimonio del la indiferencia de las autoridades a reclamos básicos como inseguridad y abandono al campo.
De alguna manera el austericidio ha ido cobrando cuota. La presidenta Sheinbaum se resiste a reconocer el grave problema en el sector salud por el desabasto de medicinas. Un problema de corrupción e ineficacia, mucho más grave por la destrucción el derroche presupuestal. Bajo el pretexto de corrupción se cancelan programas, proyectos, acciones e instituciones, sin que lo nuevo resuelva o mejore. Las obras emblemáticas son monumento a la corrupción y ninguna cumple con sus objetivos. Esa ha sido la marca de la casa y está en todo. La herencia desastrosa de quien se plantó ante el país como portador de la cuarta transformación de la vida pública.
Las grandes pretensiones de los gobernantes suelen conducir al desastre. El voluntarismo implícito casi siempre va acompañado de ignorancia, soberbia e incapacidad para estudiar, analizar y evaluar. Se parte de ideas fijas, del prejuicio y se imponen la arbitrariedad y el capricho. En el proceso de evaluación del régimen adquieren dimensión aquellos que, en su momento, optaron por retirarse antes que ser parte y aval del desastre en curso. No fueron pocos y cada cual a su modo dejó al presidente López Obrador en su singular manera de ejercer el poder.
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