¿Qué le hace falta a la oposición?
La arena política requiere, como parte esencial de su equilibrio, de una fuerza de oposición al gobierno. Oponerse no es una postura cerril dedicada a decir que no a toda propuesta gubernamental. Tiene que ver con mostrar las omisiones, apuntar los olvidos, fortalecer las voces silenciadas, aportar con datos y razones una perspectiva distinta buscando lo complementario y señalando lo que no es posible compartir.
Los partidos políticos o los movimientos capaces de congregar ciudadanos requieren tener algunas ideas claras, presentar una plataforma de acción y abrazar causas en cuya defensa empleen tiempo y recursos. Una buena oposición ha de aprender a escuchar los legítimos reclamos y encontrar el modo de ser cauce para que con su labor se amplifique su resonancia y puedan ser objeto de atención.
En México se ve una oposición extraviada: un conjunto de sujetos amparados bajo unas siglas sin conseguir articular un proyecto alternativo, sin formular una estrategia clara para ser una opción real, sin un discurso convincente. ¿Qué pasaría si en vez de restringir sus intervenciones a críticas, presentara una propuesta alternativa de seguridad o de algún otro tema?
Quizá su problema comience por no comprender, en el caso de quienes fueron alguna vez gobierno, dónde estuvieron sus fallas. Sin reconocer sus errores, difícilmente podrán recomponerse para ser una alternativa creíble.
Nuestro país necesita, como cualquier otro, una oposición fuerte, capaz de ser contrapeso. Que tenga una voz firme y pertinente que ayude a exhibir los fallos y busque corregir los rumbos presentes, antes que buscar obtener los votos futuros. Requiere ser una fuente de control y de seguimiento que impida que los extravíos gubernamentales pasen sin señalamientos claros, vigorosos y contundentes.
Hay que doblarse las mangas, estudiar con profundidad cada iniciativa, destacar en cada caso lo aceptable y poner los puntos sobre las íes en los aspectos donde no se puede ceder. Hace falta más claridad, inteligencia y dedicación: una estrategia robusta de comunicación y no limitar las intervenciones a estridencias previsibles, que además resultan las más convenientes para la narrativa del poder.
Se requiere un esfuerzo en causas continuadas. Resulta increíble que no haya una oposición fuerte defendiendo la autonomía de los organismos electorales o que sea incapaz de abanderar el ya largo deterioro de las instituciones de salud pública. Da la impresión de que no tienen una agenda definida y van brincando de tema según lo que el partido en el poder va gestionando en cada momento.
Resulta triste ver una oposición que se vuelve imitadora hasta en las estrategias electorales y nombra también precandidatos con el nombre de defensores. ¿Dónde queda, con esas acciones, el espacio para resaltar la diferencia? ¿Qué pasa con las propuestas frescas, claras y diversas?
Hace tiempo alguien recordaba el hundimiento del Titanic. Dicen que la orquesta seguía tocando mientras el buque era devorado por las aguas. Los líderes políticos de la oposición están más preocupados por no perder sus prebendas, lograr algunos escaños en la siguiente legislatura, no ceder todos los estados y permanecer sin una reforma profunda. Las renovaciones a sus partidos son cosméticas: un cambio en sus eslóganes sin ir al fondo ni tapar el hueco por donde penetra el agua que los llevará hasta la inoperancia política.
Parece que hace falta un cataclismo mayor para lograr una reinvención. La propuesta de la oposición requiere de nuevos nombres, ideas renovadas y una convicción profunda de que antes que el bien propio está el de México. No reducir su presencia a las tareas legislativas y salir a las calles para ponerse de lado de la ciudadanía.
Quizá todo lo hasta aquí dicho tenga el defecto de apelar a un sueño. Pero sin un sueño no hay fuerza para despertar del letargo ni para salvarse del desastre. Las utopías han sido siempre faro para las grandes gestas. Más vale ilusionarse con un cambio, por soñador que parezca, que permanecer con los brazos cruzados viendo cómo todo se desdibuja.





