Ramírez Cuéllar en la Jucopo
Sin fuero para corruptos y con fiscalización de verdad
La Junta de Coordinación Política (Jucopo) no es un mero espacio de protocolo ni una reunión de cortesía, es el verdadero centro neurálgico donde se traza la ruta legislativa del Congreso de la Unión.
Por eso, la posible llegada del Diputado Federal Alfonso Ramírez Cuéllar a su presidencia representa mucho más que un cambio de silla, implica una oportunidad estratégica para redefinir prioridades en el país.
Ramírez Cuéllar ha sido consistente y directo: el fuero constitucional no puede seguir siendo escudo para quienes traicionan la confianza pública. Eliminarlo o al menos acotarlo severamente en casos de corrupción enviaría un mensaje inequívoco: el poder no otorga impunidad. No se trata solo de castigar, sino de desmantelar el viejo pacto de protección mutua que ha permitido a tantos funcionarios evadir la justicia. Como él mismo ha dicho en múltiples foros, el fuero se ha convertido en un privilegio inaceptable y una fuente de impunidad que urge erradicar.
Pero el combate a la corrupción no se agota en el discurso punitivo ni en reformas simbólicas. El cambio de fondo exige profesionalizar la fiscalización del gasto público, pasar de una auditoría política y reactiva a un sistema técnico, autónomo y basado en inteligencia financiera.
Como funcionario público y profesional de la función pública, he insistido en que México requiere una fiscalización moderna, con autonomía real, indicadores verificables, auditorías por riesgo, uso intensivo de análisis de datos y estándares internacionales.
Sin estos elementos, la rendición de cuentas se reduce a simulación, a informes que nadie lee y a multas que nunca se cobran. Ramírez Cuéllar ha mostrado apertura precisamente a esta visión: una ASF y órganos de control más fuertes, menos politizados y con mayor capacidad de seguimiento efectivo a cada peso público.
Esa postura es clave para cerrar las grietas de captura institucional y garantizar trazabilidad real del dinero ciudadano.
Presidir la Jucopo no solo implica organizar la agenda, significa definir qué se debate y con qué urgencia. Hoy esa prioridad debe ser doble y complementaria:
- Cero fuero protector para actos de corrupción.
- Reconstrucción profesional del sistema de control y auditoría.
México ya no puede permitirse más retórica vacía ni instituciones débiles. La verdadera transformación del Congreso se juega en la arquitectura institucional: menos privilegios para unos pocos y más herramientas técnicas para que el dinero público sirva al pueblo y no a los de siempre.
Si Ramírez Cuéllar asume esa responsabilidad con la coherencia que ha mostrado, podríamos estar ante un punto de inflexión real. El reto está servido.
Dr. Luis David Fernández Araya










