Reallity Mexiquense: Morena del festejo a la disputa interna y externa por el 2027
Morena celebró quince años de historia con la mirada puesta en su siguiente prueba: repartir candidaturas sin comprometer la unidad. En el Estado de México, el aniversario permitió recordar el camino recorrido, pero también dejó mensajes para quienes ya imaginan su nombre en las boletas de 2027.
Durante la celebración del 3 de octubre, Horacio Duarte llamó a colocar las causas por encima de los cargos, defendió las encuestas como mecanismo de selección y rechazó que la antigüedad otorgue derechos preferentes sobre una postulación. La lectura política es clara: haber contribuido a construir el movimiento no equivale a tener reservada una candidatura.
La unidad después de las candidaturas
La unidad se vuelve más exigente cuando hay posiciones en juego. Coincidir en una celebración resulta relativamente sencillo; aceptar una decisión que favorece a otro requiere confianza en las reglas y disposición para reconocer que ningún proyecto colectivo puede satisfacer todas las aspiraciones personales.
Morena tendrá que evitar que la inconformidad de quienes no alcancen una candidatura se traduzca en división interna, retiro del trabajo territorial o confrontaciones públicas. La dirigencia necesitará procedimientos creíbles y capacidad para mantener dentro del proyecto a quienes se sientan desplazados.
PT y Verde: el precio de acompañar
Pero Morena también tendrá que mirar hacia la mesa de sus posibles alianzas. Con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, deberá conciliar sus propias aspiraciones con las posiciones que reclamen sus eventuales socios.
El riesgo para Morena será aceptar exigencias superiores a la aportación electoral y territorial que esos partidos puedan acreditar. Distinguir entre el berrinche y el verdadero valor de lo que el PT y PV pueden aportar, porque sus aliados gustan de vender sus canicas a un sobreprecio.
La equidad en una coalición necesita criterios verificables. Votos, presencia municipal, competitividad de los perfiles y trabajo territorial deberían pesar en el reparto. La presión de una dirigencia no tendría por qué convertirse, por sí sola, en una candidatura adicional.
Desde la perspectiva de la militancia morenista, entregar espacios a los aliados también tiene un costo. Cada posición cedida reduce las oportunidades de cuadros propios.
Las canicas y la capacidad negociadora
Si el PT o el Verde amenaza con llevarse sus canicas a jugar solos, corresponde a Morena distinguir una opción electoral viable de una maniobra para obtener más posiciones.
También convendría a los aliados hacer sus propias cuentas. Competir por separado puede darles mayor control sobre sus candidaturas, pero no garantiza mejores resultados.
Los alcaldes también tendrán que rendir cuentas
En los municipios, la disputa tendrá otro componente: las aspiraciones de continuidad. Los alcaldes con posibilidad de buscar la reelección deberán participar en el procedimiento interno y que su candidatura no está asegurada.
Antes de solicitar otro periodo, tendrán que explicar qué hicieron con la confianza recibida. Agua, alumbrado, seguridad, calles y atención ciudadana permiten contrastar el discurso. Una candidatura municipal debería poder defenderse a partir de resultados tangibles y no basada en influencias ni en imagen mediática.
Después del festejo, las decisiones
Morena enfrentará, por tanto, dos negociaciones vinculadas: una con los propios, para que las candidaturas no dejen heridas que se conviertan en rupturas; otra con sus posibles aliados, para que el costo de acompañarlo sea proporcional a lo que aporten.






