Recorren los López Valverde panteones para no dejar a nadie sin visitar
31 de octubre de 2026
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16:00
Quadratín EMX
Luis Ayala/Quadratín EMX
ECATEPEC, Edomex., 31 de octubre de 2026.- Entre flores de cempasúchil, veladoras, recuerdos y muestras de cariño, la familia López Valverde mantiene viva una tradición que ha pasado de generación en generación: reunirse cada año durante las celebraciones de Día de Muertos para visitar las tumbas de sus seres queridos y recordar a quienes se adelantaron en el camino.
Los preparativos comienzan varios días antes, cuando hijos, nietos y demás familiares se organizan para comprar flores, adornos y alimentos que compartirán durante su recorrido por los cementerios. Para ellos, esta celebración representa mucho más que una visita a las sepulturas, pues constituye una oportunidad para fortalecer los lazos familiares y recordar con amor a quienes ya no están físicamente.
La señora Lucina Valverde, matriarca de la familia, es una de las principales promotoras de esta costumbre, que ha procurado transmitir a sus descendientes como una expresión de respeto, cariño y gratitud hacia sus antepasados.
Mientras Dios quiera volveremos
“Mientras Dios nos dé vida y salud, vamos a seguir viniendo a visitar a mi viejo Don Martin. Desde días antes nos organizamos, compramos nuestras flores y preparamos todo, porque ellos fueron parte de nuestra vida y nunca debemos olvidarlos. Es una tradición muy bonita que quiero que mis hijos y mis nietos sigan conservando”, afirma la señora Lucina.
El amor por sus difuntos no tiene precio
Para la familia López Valverde, el gasto que representa la compra de flores, veladoras, adornos, alimentos y los traslados entre los distintos panteones pasa a segundo término. Sus integrantes no se detienen a calcular cuánto dinero destinan a esta celebración, pues consideran que honrar la memoria de sus seres queridos es una muestra de amor que no puede medirse en pesos.
Cada arreglo floral, cada veladora y cada alimento que llevan representa una expresión de cariño hacia quienes formaron parte de sus vidas. Por ello, más que hacer cuentas, prefieren disfrutar los preparativos y la convivencia familiar que acompaña esta tradición.
“Nosotros no nos ponemos a sacar cuentas de cuánto gastamos en flores, comida o adornos. Todo lo hacemos con mucho gusto y con mucho amor, porque son nuestros familiares y mientras podamos vamos a seguir viniendo. El dinero se vuelve a juntar, pero el cariño y los recuerdos que tenemos de ellos no tienen precio” dijo.
Entre flores, alimentos y recuerdos familiares
El panteón Jardines del Recuerdo se convierte en uno de los principales puntos de encuentro. Ahí, los integrantes de la familia llegan para limpiar las tumbas, colocar arreglos florales y dedicar varias horas a recordar las historias y vivencias compartidas con sus seres queridos.
La visita también se transforma en una convivencia familiar. Entre las sepulturas, los asistentes comparten e intercambian alimentos, conversan y evocan anécdotas que provocan sonrisas y momentos de nostalgia, en un ambiente donde el recuerdo de los ausentes se convierte en motivo de unión.
Los llevamos en el corazón siempre
“Venimos con mucho cariño, no solamente a ponerles flores, sino a estar un rato con ellos. Aquí nos reunimos, comemos juntos y recordamos cómo eran nuestros familiares. A veces nos da tristeza porque los extrañamos, pero también nos da alegría recordar los momentos bonitos que vivimos a su lado”, dice Martha Patricia Ayala López.
Marta Patricia, nieta de Lucina Valverde, forma parte de las generaciones que han aprendido a valorar esta celebración, al participar en los preparativos y acompañar a sus familiares durante las visitas a los cementerios.
“Desde que éramos pequeños nos enseñaron que no debemos olvidar a nuestros familiares que ya fallecieron. Mi abuelita siempre ha procurado que estemos juntos en estas fechas y ahora nosotros queremos continuar con esta tradición, para que nuestros hijos también sepan de dónde venimos y recuerden a quienes formaron parte de nuestra familia” añadió.
Un recorrido de amor por distintos panteones
La jornada no termina en Jardines del Recuerdo. Después de varias horas de convivencia, una parte de la familia López Valverde continúa su recorrido hacia el panteón de Los Rosales, donde también descansan otros de sus seres queridos.
Posteriormente, algunos integrantes se trasladan hasta el pueblo para visitar otras sepulturas familiares, llevando flores y recuerdos como muestra de que el cariño permanece a pesar de la distancia y del paso del tiempo.
“Aunque tengamos que ir a varios panteones, tratamos de visitar a todos. Lo importante es que no se pierda la costumbre de venir en familia, traerles sus flores y recordar a nuestros abuelos, padres y demás familiares. Es una manera de demostrarles que siguen presentes en nuestros corazones” dice Martha con melancolía.
Una herencia de amor que trasciende generaciones
Para Lucina Valverde, la continuidad de esta celebración adquiere un significado especial al observar que sus descendientes participan en una costumbre familiar que busca preservar la memoria de quienes ya partieron.
Las flores se renuevan cada año, las generaciones crecen y algunos lugares alrededor de las reuniones familiares quedan vacíos, pero los recuerdos permanecen y se convierten en historias que los mayores transmiten a los más jóvenes.
Así, entre flores, alimentos, conversaciones y recuerdos, los demás integrantes de la familia refrendan cada año una costumbre que esperan conservar por muchas generaciones, sin detenerse a contar los gastos, porque para ellos lo verdaderamente valioso es mantener vivo el recuerdo de quienes tanto amaron.
Porque para los López Valverde, la muerte representa una despedida física, pero no el final del cariño. Mientras haya alguien dispuesto a llevar flores, compartir un recuerdo y visitar las tumbas de sus seres queridos, la memoria de quienes se adelantaron en el camino continuará viva.