Recuerdan cómo mujeres comían después de hombres en hogares mexicanos
TOLUCA, Edomex., 16 de enero de 2026.- Durante gran parte del siglo 20, en numerosas familias mexicanas —principalmente en contextos rurales y populares—, era común que las mujeres no compartieran la mesa con los hombres al momento de comer. No se trataba de una norma escrita ni de una prohibición explícita, sino de una costumbre profundamente arraigada en la vida cotidiana.
Preparar alimentos, servir y atender a la familia
El orden era casi siempre el mismo: primero comían los hombres y los niños; después, cuando la mesa quedaba libre y los platillos se habían repartido, las mujeres se sentaban a comer. Esta práctica respondía a una lógica doméstica en la que el trabajo femenino era continuo: preparar los alimentos, servir, atender a la familia, limpiar y cuidar.
Jerarquías de género normalizadas
En su contexto histórico, esta separación no siempre era percibida como una injusticia. Comer al final significaba asegurar que la comida alcanzara para todos y que los demás quedarán satisfechos antes. Sin embargo, el orden también reflejaba jerarquías de género normalizadas, donde las necesidades femeninas quedaban subordinadas.
Comer juntos empezó a verse como un gesto de igualdad y modernidad
Con el paso del tiempo, los cambios sociales comenzaron a transformar estas dinámicas. La escolarización, el acceso de las mujeres al trabajo remunerado, la reducción del tamaño de las familias y la vida urbana modificaron las prácticas domésticas. Comer juntos empezó a verse como un gesto de igualdad y modernidad.
Aun así, durante décadas esta separación fue parte silenciosa de la vida familiar en México, una rutina cotidiana que hoy permite observar cómo las relaciones de género se reproducían —y se cuestionan— desde los espacios más íntimos del hogar.










