Rescatan memoria de vecindades donde la infancia era compartida
TOLUCA, Edomex., 7 de enero de 2025.- Durante buena parte del siglo 20, la vida en las vecindades mexicanas se regía por reglas no escritas donde la infancia no pertenecía únicamente a una familia, sino a toda la comunidad. En esos patios compartidos, los niños eran “de todos”.
La dinámica cotidiana permitía que cualquier adulto pudiera llamar la atención a un menor, corregirlo tras una travesura, avisar a la madre si algo ocurría o incluso hacerse cargo de él por un momento. Lejos de considerarse una intromisión, esta práctica era vista como una responsabilidad compartida.
El patio se convertía en una extensión del hogar
Las razones eran principalmente prácticas. Muchos padres trabajaban largas jornadas, las viviendas eran pequeñas y los niños pasaban la mayor parte del día en los espacios comunes. El patio se convertía en una extensión del hogar: ahí se jugaba, se aprendía a convivir, se lloraba tras una caída, se discutía y se hacían 'las paces'.
Cuando un niño lloraba, no siempre era su madre quien llegaba primero; era el adulto más cercano quien intervenía. Esto no implicaba ausencia de límites, sino todo lo contrario. Los menores aprendían rápidamente con quién podían jugar, a quién debían respetar y qué conductas no eran permitidas bajo ninguna circunstancia.
Este modelo fue desapareciendo
La crianza, en ese contexto, no era privada ni silenciosa. Era colectiva, visible y constante. Sin embargo, con el paso del tiempo, este modelo fue desapareciendo: más puertas cerradas, menos espacios compartidos y un mayor temor a intervenir en la vida de otros.
Educar también significaba cuidar entre todos
Durante décadas, en las vecindades de México, ver a un niño solo era algo poco común. Hoy, esa forma de comunidad permanece en la memoria colectiva como un reflejo de una época donde educar también significaba cuidar entre todos.










