Revisar a Machiavelo
Seguir la lectura del libro Storia del pensiero político de Marcel Prélot, editado por Oscar Estudio Mondadori en el año de 1970, es magnífica guía en la investigación que hago sobre el florentino que reposa en la Plaza de la Santa Cruz, mismo lugar donde se haya —si no me equivoco— la portentosa tumba y esculturas del “Magnifico” Miguel Ángel Buonarrotti. Todo en el caso de Maquiavelo es lección: su pasión de vida fue el estudio del poder político y todo aquello que se movía en torno a él. La figura de El Príncipe al ponerla sobre el escenario principal de los mandos de la política a secas; con todos sus defectos y fortalezas, le dejan perplejo y a la vez, con un genio, que le permite sacar conclusiones del cómo se debe comportar en política para no fracasar.
La figura de El Príncipe se convirtió en Maquiavelo en fórmula para dar o centralizar el poder en un personaje, que fuera lo suficientemente inteligente y talentoso para poder reunir a su alrededor los poderes de facto; de esos años del 1500 que le tocó vivir en la Europa convulsa. Que surgía del anárquico mundo feudalista por tantas divisiones, que a cada paso se encontraba la sociedad fragmentada de los siglos XV y XVI así se llamaran tudescos, franceses, suizos o españoles ante una Italia en franca división de feudos y señorías.
Su proyección del poder político en la figura de El Príncipe, expresada en los actos de uso del poder político, contemplado como efectividad y no como deseo moral o ético de la política, le hizo ver y ser cada vez más descarnado en sus conclusiones de cómo gobernar para tener éxito en la empresa. Tal comportamiento en sus escritos y consejos a los poderosos le recabaría la mala fama que en pleno siglo XXI aún tiene. No se hable del florentino en foros sociales, fuera de las facultades de ciencias políticas en instituciones universitarias, porque se habrá de considerar un pecado y una ofensa al buen sentido y a lo políticamente correcto.
Estemos atentos a revisar que el siglo pasado el ejemplo de El Príncipe, fue decantándose en lo que dijera el mayor ideólogo de la izquierda italiana, Antonio Gramsci: “el partido político es para su época la figura de El Príncipe en el siglo XVI”. Triste espectáculo sería para el italiano que prácticamente muriera en las cárceles del fascista Benito Mussolini, el ver cómo es que se contemplan hoy los partidos políticos por el mal uso que han dado en los actos de gobierno y en sus actos de deshonestidad y corrupción.
Así que el florentino que tanto amó su lugar de origen y a esa bella ciudad, que es museo y fuente citadina a la par de Roma en belleza. Si atendemos con cuidado el estudio del florentino, nos damos cuenta que Maquiavelo deja en sus investigaciones —más allá de muchos de su generación—, conceptos y expresiones, que son piedra fundamental del estudio del poder político al paso de los siglos.
Quinientos años nos separan de los tiempos de su vida. Como estudioso de la historia supo sacar lecciones del pasado y, supo, con inteligencia y frialdad que nos molesta, dar lecciones que debía aplicar El Príncipe, si deseaba mantenerse en el poder por muchos años. Los reinos se perdían con facilidad si no se estudiaba a fondo las reglas dictadas en su libro titulado precisamente El Príncipe.
El cual es citado por muchos, aunque realmente no lo hayan estudiado a fondo como se ve, sobre todo en el mundo de la política, donde se ignoran sus consejos y resultados de lo que el pasado aportaba a la sabiduría de la ciencia política: tal texto, como sabemos, fue motivo de críticas o censuras de pensadores y políticos encumbrados en su momento, como así sucede con Napoleón, que llega a hacer un prólogo a tal texto.
Al tomar esta figura en el siglo XX, Antonio Gramsci, avisó que no más los reyes, emperadores, príncipes o realezas venidas de cualquier región o del pasado podían sustentar el poder político. En lo propuesto por Gramsci está para el siglo pasado la defensa de la República, por encima de las Monarquías, como se ha de ver en esas décadas aciagas para Europa y particularmente en España con la guerra civil de 1936-1939, y que tiene su peor escenario con el nazifascismo hasta finales del 1945 al término de la segunda guerra mundial.
Por eso, al retornar al estudio del poder político en su crítica etapa de paso del feudalismo al renacimiento: social, económico y gubernamental que propone en sus escritos Maquiavelo, nos damos cuenta que sus propuestas son válidas en el presente, para entender lo que sucede en el siglo XXI, ante el deterioro de las democracias y la revisión, de si sigue siendo la triste tradición del mando con diversas vestiduras en cualquier país compuesta por la triada de: el rey, la iglesia y su alto clero y los militares.
No sabemos qué cosa podría decir hoy Maquiavelo de la presencia en los diversos países del mundo por parte de la ideología religiosa y sus actos de amor por el poder terrenal. Revisar el comportamiento de cada religión y sus acciones que le llevan más a ser un factor de poder político, más que factor espiritual en la frase de “al César lo que es de César… y a Dios lo que es de Dios” nos llevaría encontrar enormes problemas en diversas naciones o regiones. Lo que sucede en el medio oriente es prueba de ello por desgracia.
Es decir, la figura de El Príncipe vital en tiempos de Maquiavelo, es hoy expresión rebasada. Pero en una extensión y experiencia de vida a través de los siglos, la revisión de sus estudios permite comprender muchos de los actos y actores principales de la política en el siglo XXI: al verlos en sus comportamientos tal cual son y no tal cual creemos que son.
El Príncipe, que ciertamente en el siglo XX pasa su poder a los partidos políticos nos da motivo de estudio serio por los hechos que hoy le deterioran ante los electores. Partidos políticos que hoy son una pena en la mayoría de los países del mundo; parece que solo cuidan sus intereses y no atienden la voz y requerimientos del pueblo. Así que la visión idealizada del partido político que planteara en su momento Antonio Gramsci, está en crisis como se puede ver, por lo que la presencia del populismo, dedicado a hablar de destruir a las clases políticas, que señalan ellos, han hecho sus privilegios de servirse del pueblo y no servir al mismo. Ante ello, figuras como Donald Trump en Estados Unidos o en Argentina, Javier Milei, dan prueba de lo nuevo en la política del mundo y de cada país haciendo, si es necesario, el sacar la motosierra, para acabar con la clase política que ha vivido de los partidos políticos y sus privilegios, en democracias bastante imperfectas donde el más amolado es el pueblo en general.










