Robo hormiga de medicamentos: una afrenta al proyecto de transformación
El robo hormiga de medicamentos en el Estado de México (EMX) no es un simple acto de corrupción menor: es una agresión directa contra el pueblo y una traición al proyecto de transformación que Morena impulsa para dignificar la vida de quienes dependen de los servicios públicos de salud. No se trata de un problema técnico ni administrativo; es un problema político y moral. Porque robarle a un sistema de salud que atiende a los más pobres es robarle al corazón mismo de la Cuarta Transformación: la justicia social.
En Melchor Ocampo, la desaparición de 35 frascos de vacunas contra el Virus del Papiloma Humano —biológicos destinados a proteger a niñas y adolescentes— no es un incidente aislado, sino un síntoma de las resistencias que aún enfrentamos quienes buscamos limpiar de corrupción al sector salud. Lo ocurrido en el Hospital 'José María Rodríguez' de Ecatepec, donde personal fue captado sacando cajas de insumos y medicamentos para lucrar con ellos, refleja la profundidad del problema: por años se permitió que grupos enquistados operaran con impunidad dentro de las instituciones públicas, protegidos por un viejo régimen que normalizó el abuso, la rapiña y la opacidad.
La transformación exige desmontar esos privilegios. Estos casos confirman que todavía existen reductos de corrupción que se aferran a viejas prácticas, intentando frenar la reconstrucción de un sistema de salud que debe ser público, universal y honesto. Quien roba medicamentos no solo roba recursos públicos: roba esperanza, roba bienestar y sabotea las políticas sociales que este movimiento ha puesto en el centro de la agenda nacional. Por eso es indispensable actuar con firmeza.
Desde la llegada de la nueva administración estatal, se ha marcado un rumbo claro: acabar con los privilegios y limpiar las instituciones para devolverlas al pueblo. Se han fortalecido los mecanismos de auditoría, se han instalado más sistemas de vigilancia y se ha instruido a que toda irregularidad sea investigada sin titubeos. A nivel federal, la Cofepris ha intensificado operativos para frenar el mercado negro de medicinas y castigar a quienes lucran con el dolor ajeno. El mensaje es inequívoco: el que robe medicamentos será sancionado, sin importar su cargo, antigüedad o filiación. La Cuarta Transformación no protege corruptos.
Pero combatir este problema no depende solo de inspecciones o cámaras: requiere una ética pública renovada. Los trabajadores de la salud forman parte esencial del proyecto humanista del gobierno; su labor salva vidas todos los días. Pero aquellos que deciden corromperse, no pueden tener lugar en el servicio público. La visión morenista de un Estado para el bienestar exige servidores honestos, conscientes de que administran recursos que pertenecen al pueblo, no a intereses privados ni redes de complicidad internas. La transformación también pasa por la conciencia.
Por otra parte, es indispensable desmantelar el mercado negro que sostiene este delito. Mientras existan farmacias y distribuidores dispuestos a comprar insumos de origen ilícito, seguirá habiendo quienes intenten robarlos. Por ello, el combate debe ser integral: supervisión, sanciones, trazabilidad tecnológica, denuncia ciudadana y persecución penal. El Estado debe cerrar, con toda la fuerza de la ley, cualquier resquicio donde la corrupción pueda reproducirse.
No podemos permitir que la salud pública —un derecho, no un privilegio— quede sometida a intereses oscuros. Hoy, más que nunca, la defensa del sistema de salud es una causa que nos une como movimiento. Quienes pretenden desviar recursos para beneficio personal se enfrentan no solo al gobierno, sino a un pueblo organizado que exige honestidad, justicia y resultados. La transformación no admite medias tintas.
Es momento de reafirmar el compromiso: en este país, ningún medicamento debe faltar por culpa de la corrupción. Ninguna niña debe quedarse sin vacuna y ningún paciente debe suspender su tratamiento porque alguien decidió llenar su bolsillo. La Cuarta Transformación seguirá avanzando hasta que cada institución pública sea ejemplo de probidad y servicio. Y en esta lucha, la salud es prioridad absoluta.
Este movimiento nació para poner primero a los pobres. Y por eso, quienes atentan contra los servicios de salud no solo cometen un delito: se colocan en el lado contrario de la historia. El pueblo exige justicia, y la tendrá. La transformación continúa, y con ella la convicción de erradicar, de raíz, cualquier acto que ponga en peligro la vida, la dignidad y el bienestar de las y los mexicanos. Esa es nuestra responsabilidad y nuestro compromiso irrenunciable.






