Salud digna para todas las personas
La salud de una sociedad es, en su esencia más profunda, el reflejo del alma de una nación y la medida exacta de la compasión y eficiencia de sus instituciones.
Vivimos una época donde la retórica oficial choca violentamente con la realidad tangible, donde el discurso oficial se desmorona ante el dolor silencioso de millones de familias que han sido abandonadas a su suerte. Hablamos de la vida misma, de la dignidad humana que ha sido olvidada por una burocracia que ha olvidado que gobernar es, ante todo, cuidar.
Resulta doloroso, e incluso indignante, observar la radiografía actual del sistema de salud en México. Nos enfrentamos a una crisis que no admite matices ni justificaciones burocráticas. De acuerdo con datos del INEGI, el panorama es desolador: el 75 por ciento de las personas en pobreza extrema y el 59 por ciento de quienes viven en pobreza enfrentan una carencia absoluta de servicios de salud. Es una herida abierta en nuestro tejido social.
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un mínimo del 9 por ciento del PIB destinado a la salud, y el promedio en América Latina ronda el 6.1 por ciento, México destina apenas un precario 2.5 por ciento. Las consecuencias de esta austeridad mal entendida son devastadoras: 50 millones de mexicanos, más del 34 por ciento de la población total, carece de acceso a servicios de salud.
Lamentablemente la salud se ha convertido en un lujo, en un privilegio de mercado y no en un derecho humano. El gasto de las familias mexicanas ha escalado hasta un 50 por ciento del gasto total en salud, el más elevado de la OCDE. Estamos viviendo, en los hechos, una privatización del bienestar: un esquema cruel donde quien no tiene para pagar, queda abandonado al sufrimiento. Esta realidad nos desafía y nos obliga a alzar la voz y reclamar un cambio de rumbo urgente.
Ante este escenario de desolación, la visión de Movimiento Ciudadano para el sector salud se erige sobre un pilar fundamental: la universalidad real, no retórica. Asumimos un concepto amplio de salud, aspirando a construir un sistema de sanidad que sea verdaderamente universal, eficiente y accesible para todas las personas, sin excepción alguna.
La premisa es clara y contundente: la protección social no puede, ni debe, estar condicionada por el ingreso, el trabajo, la etnia o el lugar de origen. Es inaceptable que se establezcan fronteras de entrada para la atención médica o que, por razones de una burocracia insensible o franca negligencia, se niegue el acceso a tratamientos y medicamentos vitales. Queremos un México más sano, donde el cuidado de la vida sea un derecho efectivo, accesible invariablemente para todos, desterrando para siempre la idea de que la salud es una mercancía exclusiva para quienes pueden costearla. Es un tema de justicia social elemental.
Es imperativo escuchar y articular las soluciones que emanan de la inteligencia colectiva y de la sociedad organizada. Para fortalecer nuestro sistema de salud y devolverles la dignidad a las personas, debemos emprender acciones estructurales y valientes.
Tenemos que crear un Sistema Universal y Solidario de Salud que desligue el acceso a la salud de la condición laboral. La salud debe basarse en la solidaridad humana y ciudadana, no en el empleo formal, garantizando cobertura universal sin discriminación.
Es urgente aumentar la inversión pública para alcanzar, en una primera etapa, el mínimo de inversión del 6 por ciento del PIB, con la meta ineludible de llegar al 9 por ciento como los estándares que tiene los países líderes de la OCDE.
Necesitamos transparencia total en los procesos de compra, integrando a profesionales de la salud en las decisiones de adquisición para evitar la corrupción y el desabasto. Asimismo, es crucial fortalecer la producción nacional de insumos para reducir nuestra dependencia de importaciones y garantizar el abasto oportuno de medicamentos esenciales.
No puede haber salud digna sin condiciones dignas de trabajo para el personal médico; debemos mejorar su seguridad y salud laboral. A la par, debemos empoderar al ciudadano mediante un sistema de monitoreo en tiempo real, con información transparente por unidad médica, fortaleciendo la rendición de cuentas.
La salud no espera. El dolor no conoce de tiempos políticos ni de excusas administrativas. Estamos ante la oportunidad histórica de redefinir el pacto social en México, de colocar al ser humano en el centro de todas las decisiones públicas. No basta con lamentarnos por las cifras de la tragedia; es necesario transformar la indignación en acción organizada.
La construcción del México que merecemos requiere voluntad, requiere coraje y, sobre todo, requiere congruencia. No permitamos que la indiferencia se normalice. Exijamos, participemos y construyamos juntos un sistema de salud que no deje a nadie atrás. Es hora de actuar, porque la vida de millones depende de nuestra capacidad para cambiar el presente.
¡Defendamos nuestro derecho a vivir con dignidad!
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