Sector restaurantero del Edomex: motor de empleo y desarrollo económico
En el Estado de México (EMX), una cocina encendida también anuncia movimiento económico. Detrás de cada fonda, taquería o restaurante hay personas que compran insumos, generan empleo y conservan recetas. Este sector forma parte del entramado productivo que da vida a las calles y sostiene a miles de familias. Según el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE) del INEGI, en mayo de 2026 la entidad tenía 89,408 establecimientos de preparación de alimentos y bebidas, la cifra más alta del país. El dato comprende negocios familiares y restaurantes de mayor tamaño, muestra de una actividad profundamente arraigada en la vida cotidiana.
En el primer trimestre de 2026, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo registró 591,233 personas ocupadas en restaurantes y servicios de alojamiento, equivalentes a 7.3 por ciento del empleo estatal. Es importante aclarar que esta cifra también incluye hoteles; no corresponde únicamente a restaurantes. Sin embargo, permite dimensionar la importancia laboral de ambas actividades.
Su aportación tampoco es menor. De acuerdo con los Censos Económicos 2024, la preparación de alimentos y bebidas generó 3.1 por ciento del valor agregado censal bruto privado y paraestatal en 2023. Este indicador refleja riqueza producida por establecimientos censados, no el producto interno bruto estatal. Además, cada cocina impulsa a proveedores de verduras, carne, transporte y otros servicios.
El movimiento es visible en municipios de gran población y comercio, como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Toluca, Naucalpan y Tlalnepantla, así como en destinos turísticos como Metepec y Valle de Bravo. Son ejemplos de polos de consumo y visita, no un ranking oficial por número de restaurantes.
Pero el panorama dista de ser sencillo. El encarecimiento de alimentos, gas, electricidad y alquileres, la inseguridad y los trámites engorrosos merman las ganancias. También pesan la falta de crédito y el reto de modernizar la administración. Para los pequeños negocios, cualquier alza inesperada puede comprometer años de esfuerzo.
De ahí que los gobiernos estatal y municipales deban actuar con políticas claras: simplificar licencias, transparentar inspecciones, fortalecer la seguridad y ofrecer capacitación y financiamiento. Impulsar la compra de insumos regionales y el turismo gastronómico multiplicaría los beneficios. Apoyar a los restaurantes no es otorgar privilegios, sino proteger empleos, preservar identidad y fomentar una prosperidad más compartida.






