Sembrando la justicia para el campo mexicano
El campo mexicano no es solo una extensión de tierra que provee sustento, es el cimiento más profundo de nuestra soberanía nacional. Sin embargo, hoy ese cimiento es débil y se resquebraja ante la mirada indiferente de quienes han olvidado que, sin el surco fértil y la mano que lo labra, el destino de la nación se encamina hacia un vacío irreparable. Observamos con dolor una realidad lacerante: la tierra que ayer fue promesa de libertad, hoy es escenario de una desesperanza que nos convoca a la reflexión profunda y a la acción inmediata.
Entre los años 2019 y 2025, México ha sido testigo de la crisis agrícola más grave de las últimas décadas, donde la desatención política, el rigor implacable del clima y los desajustes económicos han convergido para situar a nuestro sector primario al borde del abismo. Hemos visto cómo nuestras presas, otrora símbolos de abundancia, languidecen a un trágico 48% de su capacidad, mientras los costos de producción escalan de forma dramática y los precios pagados al productor se desploman en una espiral de injusticia.
Es inaceptable que hoy dependamos del exterior para alimentar a nuestras familias, produciendo apenas el 49% del maíz que consumimos, así como cifras alarmantes en trigo, arroz y frijol. Esta dependencia no es solo una falla económica; es una vulnerabilidad que nos entrega a la especulación global. Las movilizaciones de trabajadores y productores agrícolas que en octubre de 2025 paralizaron carreteras y oficinas públicas no fueron un acto de rebeldía infundada, sino el clamor de hombres y mujeres que exigen, con toda la razón, condiciones mínimas de dignidad para seguir alimentando a México.
Desde la convicción de Movimiento Ciudadano, entendemos que el campo debe constituirse como el pilar inamovible del desarrollo nacional. No podemos permitir que persista la cruel paradoja de que quienes producen los alimentos sean los mismos que padezcan hambre. Nuestra visión es clara: la democracia social reivindica la tradición agrarista, pero la proyecta hacia el siglo XXI mediante la dignificación del trabajo rural. Jornaleros, campesinos, pescadores y ganaderos deben ser reconocidos como titulares plenos de derechos, lejos de la informalidad que los condena a una marginación permanente y a una incertidumbre económica que carcome el tejido social.
Creemos fervientemente en el movimiento de las personas y sus causas. Por ello, ratificamos que la política debe ser el vehículo para que la alegría de la convivencia y el derecho a la felicidad no sean aspiraciones lejanas, sino realidades palpables en cada ejido y en cada comunidad agrícola. Queremos edificar un modelo de sociedad cuyo horizonte sea la cohesión social, donde el Estado garantice condiciones de empleo digno y asuma que, por encima de los mercados, lo más importante son las personas.
Propuestas para transformar el campo
Para transformar este panorama de desolación en uno de esperanza, es imperativo erigir un nuevo trato basado en la productividad y la innovación tecnológica. No basta con la voluntad; se requiere una reorientación estratégica del presupuesto agrícola que privilegie la adopción de ciencia y la certidumbre en la comercialización.
Proponemos un esquema donde el gobierno, productores y compradores establezcan precios garantizados para granos, blindando así al campesino contra la especulación y los riesgos de mercado.
Modificar el presupuesto federal para que los apoyos directos beneficien preferentemente a la población de menores ingresos, eliminando las brechas de desigualdad.
Impulsar la producción interna de granos básicos y proteínas, asegurando el abastecimiento de semillas y biofertilizantes que permitan modelos sustentables.
Fortalecer el acceso a mercados y mejorar los canales de distribución para que el valor del esfuerzo rural se quede en manos de quien trabaja la tierra.
México tiene en sus manos la oportunidad de cambiar el destino de su campo con amor, solidaridad y una responsabilidad inquebrantable ante nuestras dificultades.
No podemos aceptar la desigualdad como un hecho inevitable ni el olvido contra el sector productivo como parte de nuestra normalidad. Es momento de actuar con la fuerza de la pluralidad y la convicción de la socialdemocracia para construir un país de libres e iguales, donde la tierra vuelva a ser motivo de orgullo y prosperidad.
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