Sheinbaum mira al Edomex: poder, territorio y 2027
El nombramiento de Higinio Martínez como presidente de la Mesa Directiva del Senado no es un simple movimiento interno de Morena. Es una señal de poder: el Estado de México (EMX) vuelve a sentarse en la mesa donde se decide el país.
En política mexicana, los nombramientos rara vez son inocentes. Después de casi dos años de gobierno de Claudia Sheinbaum, que Higinio Martínez Miranda, senador por el Estado de México (EMX), haya sido nombrado presidente de la Mesa Directiva del Senado dice más que cualquier discurso. No es solo un relevo parlamentario: es un mensaje al mapa real del poder. Cuando el Edomex se mueve, México escucha.
Martínez no llega desde los márgenes. Llega desde Texcoco, una plaza que durante décadas fue laboratorio de la izquierda mexiquense y semillero de cuadros para Morena. Ha sido senador en varias etapas, presidente municipal de Texcoco y fundador de Morena en el Estado de México (EMX). Su capital no es la estridencia, sino el territorio. En tiempos de ruido, Sheinbaum eligió a alguien que sabe administrar silencios, conflictos y mayorías.
El dato duro explica la decisión. El Estado de México (EMX) registra 17 millones 723 mil 173 habitantes en 2025, la población estatal más grande del país, y en 2024 concentraba cerca de 12.8 millones de personas en la lista nominal, la más pesada de México. Ningún proyecto presidencial puede tratarlo como periferia. En 2024, Morena confirmó que sin el corredor Ecatepec-Neza-Chimalhuacán-Tlalnepantla-Toluca-Texcoco no hay mayoría cómoda en el centro del país. La política se presume en la capital, pero muchas veces se gana en sus alrededores.
La economía pesa igual. El Edomex no solo vota: produce, transporta, consume y presiona. Según el INEGI, en 2024 aportó 9.1% del PIB nacional, solo detrás de la Ciudad de México, lo que lo confirma como la segunda economía estatal del país. Su industria, logística, comercio, servicios e infraestructura conectan a la capital con el Bajío, Puebla, Hidalgo y Querétaro. Sus parques industriales, carreteras y mercados de consumo lo vuelven indispensable. Quien entiende el Estado de México (EMX) entiende una parte decisiva de la economía nacional.
Por eso el nombramiento tiene lectura de Estado. La presidencia de la Mesa Directiva no dicta por sí sola la agenda legislativa, pero ordena el debate, representa al Senado y puede contener o avivar tensiones. En una Cámara donde Morena conserva mayoría, pero enfrenta desgaste, disputas internas y oposición en busca de grietas, el estilo de conducción importa. En política, la forma también gobierna.
Ahí aparece la utilidad de Martínez. Su perfil es el de un operador que entiende que el poder territorial no se improvisa: se camina, se organiza y se cobra en las urnas. El llamado Grupo Texcoco ayudó a erosionar el viejo dominio priista en el Estado de México (EMX) mediante alianzas locales, campañas municipales y lectura social. La caída del PRI mexiquense no ocurrió de golpe; se cocinó durante años. El ascenso de Martínez reconoce esa obra política.
Para Sheinbaum, el mensaje va en dos direcciones. Dentro de Morena, muestra que el gobierno federal entiende la necesidad de equilibrar corrientes y premiar estructuras reales. Hacia el Estado de México (EMX), sugiere que la entidad no será tratada como patio electoral de la capital, sino como socio político con peso propio. Después de haber arrebatado al PRI su bastión histórico, Morena necesita algo más difícil que ganar: gobernar sin romperse.
La señal llega en un momento económico delicado. México compite por inversiones asociadas al nearshoring y al mismo tiempo enfrenta problemas de energía, agua, seguridad y permisos. El Estado de México (EMX) está en el centro de esas tensiones. Su infraestructura lo vuelve atractivo; sus problemas metropolitanos pueden volverlo costoso. Nombrar a un mexiquense con capacidad de interlocución no resuelve esos desafíos, pero reconoce que ignorarlos sería un error estratégico.
También hay cálculo electoral. En 2027 estarán en juego posiciones locales que pueden redefinir la segunda mitad del sexenio. Morena llega fuerte, pero no invulnerable. Los partidos en el poder se desgastan cuando confunden mayoría con soberbia y disciplina con silencio. La presidencia de Martínez puede funcionar como seguro político: autoridad territorial para negociar hacia dentro y tono institucional para no incendiar hacia fuera.
No faltan riesgos. La política mexiquense es pragmática, densa y muchas veces opaca. El examen será si este nombramiento produce agenda o solo fotografía. El Senado puede empujar federalismo fiscal, seguridad, movilidad, agua, desarrollo urbano y rendición de cuentas: todos temas que golpean a los municipios mexiquenses. Si Martínez usa la presidencia como premio, la señal se agotará. Si la convierte en plataforma, el gesto tendrá sustancia.
El estilo importa tanto como el fondo. Un Senado conducido con estridencia produce titulares; uno conducido con oficio puede producir acuerdos. El riesgo de las mayorías no siempre viene de la oposición, sino del exceso de confianza. La legitimidad del partido gobernante depende menos de ocupar todos los espacios y más de demostrar que sabe administrarlos. Ese es el reto de Morena: no solo tener poder, sino demostrar que sabe usarlo.
Hay una lectura histórica que no puede ignorarse. Durante décadas, el Estado de México (EMX) fue el cuarto de máquinas del viejo sistema político mexicano: maquinaria electoral, disciplina territorial, gobernadores presidenciables y redes municipales. Morena ganó ese territorio combinando popularidad presidencial con organización local. El nombramiento de Higinio Martínez confirma que el nuevo régimen también aprendió la vieja lección mexiquense: quien controla territorio, controla tiempo político. La pregunta es si fortalecerán instituciones o solo cambiarán de color la maquinaria.
Por ahora, el gesto es claro: Sheinbaum reconoce que el Estado de México (EMX) no puede quedarse en la periferia del poder federal. Dar visibilidad a Higinio Martínez es una señal de buenos tiempos para los grupos mexiquenses dentro de Morena, pero también una advertencia sobre el tamaño del reto. La entidad más poblada del país no necesita solo cargos simbólicos: necesita coordinación, inversión, seguridad y visión metropolitana. Si el nombramiento sirve para eso, será una jugada de equilibrio rumbo a 2027. Si no, será apenas reparto interno en un partido que gobierna mucho y, por eso mismo, arriesga mucho. En el Edomex, el poder nunca es decorativo: siempre cobra intereses.






