Sin cooperación no hay solución
A todos nos habrán impactado las declaraciones de Trump en la ONU: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”, como si todo el problema fuéramos nosotros. Luego, leímos la reacción de la presidenta: “es difícil vivir junto a un país con alto consumo de drogas y producción de armas”; una declaración basada en el mismo principio.
La realidad es que los problemas complejos necesitan analizarse desde distintos enfoques para comprenderse. Suelen ser asuntos donde intervienen muchos factores que interactúan entre sí, generando características y comportamientos globales que no se pueden entender sumando solamente las partes individuales. Si esto pasa en el ámbito de la comprensión, la complejidad se incrementa al tratar de intervenir para modificar esas realidades.
Hace muchos años teníamos una idea de soberanía que partía de la existencia de un poder supremo, exclusivo e independiente, por medio del cual un país podía gobernarse a sí mismo sin interferencias de otra nación o de fuerzas distintas. Una idea que pertenecía más a la imaginación que a la realidad.
Cada día, los distintos países están más interconectados, en tantos puntos, que es imprescindible encontrar interacciones conjuntas para atender problemas que afectan a todos y requieren la coordinación de los involucrados para su solución. Por señalar algunos, podemos mirar a la economía, inviable sin importaciones y exportaciones; las migraciones, donde es indispensable la colaboración; el agua, cuando se tienen recursos hídricos compartidos; las ciudades, que están seccionadas por una frontera, pero son parte de una sola integración, y un sinnúmero más de situaciones.
Es obvio que las afirmaciones de Trump y Sheinbaum tienen un punto de verdad. También destaca que cada presidente es capaz de señalar el problema allende su frontera sin reconocer, al menos en sus declaraciones, la parte en la que el otro tiene razón. Lo serio es que pasan los años y, compartiendo un problema, no somos capaces de sentar las bases para una colaboración que beneficie a ambas partes.
Me queda cada día más claro que vivimos en un país amenazado por una violencia creciente. No sucederían muchas intervenciones violentas si no se contara con el armamento que proveen las empresas estadounidenses. Sin consumo no habría producción, pero también es cierto que, desde hace muchos años, la droga tiene una demanda grande en nuestra propia patria.
La dimensión del problema es grande: los millones de dólares que mueven, la cantidad de personas empleadas, el número de consumidores que han ampliado el mercado y la voracidad de quienes buscan expandir sus fuentes de ingreso: tráfico de personas, huachicol y otros muchos negocios que se vuelven rentables.
Es indudable que la integración económica entre México y Estados Unidos tiene sus ramificaciones en el mundo del crimen. No solamente estamos vinculados en los intercambios amparados por la ley: son múltiples las interacciones al margen de ella. Sin embargo, unas y otras hacen que los destinos de ambos países estén cada día más vinculados y que sea necesario atender los retos de manera coordinada.
Es comprensible defender la independencia ante cualquier injerencia desorbitada e indeseable de una potencia extranjera, pero simultáneamente es indudable la necesidad de encontrar vías de colaboración estrechas para atender una dificultad que afecta a ambas naciones.
Seguir la ruta del dinero y encontrar esquemas de mejora económica para frenar la migración, son asuntos que exigen el talento político de todos los implicados.
Más allá de banderas e ideologías, hace falta la visión para no estancarse en rencillas inútiles y encontrar respuestas a eso que realmente nos afrenta: sin cooperación no hay solución.










