EL CASTIGO TABASQUEÑO

ISABEL ARVIDE

En Tabasco la comida se echa a perder en poquísimo tiempo. Imposible dejarla sin refrigeración. Por lo que familias humildes deben hacer su compra casi inmediata, para cocinar y consumir.

Las familias pudientes tienen grandes refrigeradores y congeladoras que, por el contrario, permiten la anticipación en la compra. O, simplemente, piden comida a domicilio de sus restaurantes favoritos. El dinero todo lo puede.

El gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, amigo del Presidente López Obrador de hace muchos años, debe tener varios congeladores en la hermosa casa de gobierno donde vive. Y desde esa perspectiva ordenó que los supermercados, las tiendas que venden alimentos cierren tres días.

Sí, tres días, este fin de semana.

Supuestamente es para “evitar contagios”, pero esa premisa ha llevado en todo el país a una situación que lesiona los derechos consagrados en la Constitución que nos rige. Con el beneplácito de la señora mayor que dice despachar en Gobernación.

En Tabasco estas limitaciones de movimiento, estos ordenamientos ilegales, llegaron a un extremo muy preocupante porque lesionan derechos de alimentación, impiden que muchas, miles y miles, familias con pocos recursos puedan alimentarse. Puedan comprar lo más elemental.

En Europa, en Estados Unidos, en los días peores de la Pandemia que padecemos, todas las tiendas que venden alimentos permanecieron abiertas.

Sin calificativo esta decisión de un gobernador que dice haber padecido Coronavirus, de las enfermedades leves que suelen contagiar a los hombres y mujeres importantes.

En la Ciudad de México la señora Sheiunbaum decidió cerrar por diez días el Mercado de Jamaica, donde venden flores. Y arruinar así a las familias que viven de esto, que pagaron por anticipado, que se verán afectadas inmensamente. Lo que parece no importarle.

Estas acciones contrastan enormidades con las declaraciones presidenciales que parecen dirigidas a un conjunto de sordos.
Las libertades individuales han sido lastimadas por las razones de la Pandemia que cada municipio, cada gobernante, cada especialista interpreta a su manera.

Y los mensajes se cruzan de forma muy peligrosa creando desconfianza, provocando irritación en la población.

Porque las órdenes de cerrar mercados se dan el mismo día que en Palacio Nacional se festeja el éxito de “haber aplanado la curva de la epidemia”.

El desfase inmenso entre lo que se dice, “nada por la fuerza”, “ya se ve la luz al final del túnel”, “hemos evitado 74% de contagios”, y lo que se hace, incluso contra el derecho de comprar alimentos, es descomunal. Y tendrá consecuencias. Al tiempo…

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