TOLUCA, Edomex., 18 de febrero de 2019.- El Día Mundial del Síndrome de Asperger se conmemora cada 18 de febrero, padecimiento que define la Organización Mundial de la Salud como un trastorno generalizado del desarrollo, caracterizado por una anormalidad en la capacidad de relación y comportamiento social.

El psiquiatra Luis Sergio Ponce Guadarrama, del Hospital General Regional No. 220 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Delegación Estado de México Poniente, explicó que a menudo este síndrome se considera como una forma de autismo de alto funcionamiento, aunque su característica es dificultad para interactuar socialmente, lo que resulta en la repetición de comportamientos y torpeza.

A diferencia del autismo, las personas con este padecimiento no presentan retrasos cognitivos o del habla y suele presentarse con mayor frecuencia en niños que en niñas. Uno de los principales síntomas es que las personas se tornan demasiado concentradas y obsesionadas con un solo objeto o tema, ignorando todo lo que sucede a su alrededor, su lenguaje corporal es inusual y puede que no reaccione a comentarios o emociones de otras personas.

El especialista del IMSS Estado de México Poniente menciona que el diagnóstico se basa en criterios muy específicos que no pueden ser determinados por un examen físico; sin embargo, existen comportamientos que pueden denotarlo, como: contacto ocular anormal, retraimiento, no reaccionar al ser nombrado, incapacidad para usar gestos, apuntar o mostrar, falta de juego interactivo y desinterés al estar con los compañeros.

El tratamiento para niños que padecen Síndrome de Asperger se fundamenta en programas que enseñan las habilidades a través de pasos simples y actividades estructuradas, así como con terapia cognitiva, psicoterapia y fisioterapia, además de capacitación para los padres para enseñarles estrategias que pueden usarse en casa.

El IMSS Estado de México Poniente exhorta a los padres de familia a estar atentos a signos de alerta que detecten en el comportamiento de sus hijos. La intervención oportuna que incluya aspectos educacionales y sociales en una etapa en la que el cerebro todavía esté en proceso de desarrollo es de suma importancia para el adecuado tratamiento.