Todo el poder
Se rompieron todas las reglas de la normalidad de la administración pública en la dinámica que enfrenta el gobierno de la 4T, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Las secretarías de Estado no siguen más un orden de importancia como ocurría en el viejo régimen político, ese modelo sobre el que tanto aportó don Daniel Cosío Villegas en sus textos de investigación académica e intelectual. Incluso, Jorge Carpizo hizo un aporte extraordinario sobre “el presidencialismo en México”. Tal vez Octavio Paz se acercó a explicaciones sobre la cultura política en el país y Carlos Fuentes lo reflejó en varios de sus libros; “La región más transparente” es uno de ellos, aunque del México profundo nadie habló tan real y cotidiano como Juan Rulfo.
Las mentes más brillantes de México dieron su versión del sistema político mexicano y, a veces, lo desmembraron para dar sus interpretaciones por partes, de cada uno de sus pilares como el presidente, la revolución, el PRI y la Constitución. Nada fue suficiente, la complejidad no tiene respuestas únicas; sin embargo, las aproximaciones, las coincidencias eran más o menos cercanas y dinámicas. Los años, el ascenso de nuevas generaciones, los cambios en el mundo fueron adaptaciones que asimiló el sistema para seguir vigente y, a veces, sobrevivir a las transformaciones externas. El sistema absorbió sus mutaciones: primero fue revolucionario y luego, como si nada, fue neoliberal; fue socialista o casi, para luego ser una economía mixta. La clase política se ponía el traje de moda, pero seguían siendo los mismos. En palabras de Julio Cortázar: las mismas sombras, bajo las mismas velas.
Desafortunadamente, hablar de lo que sucede actualmente en el país resulta confuso y las aportaciones intelectuales están ausentes. La coyuntura, las letras del odio, el manejo de la mentira como nota destacada o a destacar no ayudan a esclarecer la ruta por la que va el país. Lo cierto es que el movimiento es vertiginoso, no para ni espera a los académicos e intelectuales; sus tiempos no son los tiempos del nuevo México. Decía el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que la mejor política exterior era la política interior y tal vez por el momento de la llegada de la 4T era lo conveniente. Un modelo contrario al ejercido por el líder ruso Vladimir Putin, que entendió que la fuerza de Rusia estaba en su vinculación con el exterior para salir de la crisis de la caída del bloque soviético.
AMLO nunca tuvo un segundo al mando, aunque tal vez tampoco lo quiso. Lo normal era que el secretario de Gobernación ocupara ese sitio, pero no ocurrió ni ha ocurrido en la continuidad de la 4T bajo el liderazgo de la presidenta Sheinbaum. Gobernación es una más de las secretarías. El tema dominante de la agenda internacional es el narcotráfico; en consecuencia, el hombre fuerte, después de la titular del Ejecutivo, es el secretario de Seguridad Pública. La compleja relación con Trump lo hace necesario.
Los cambios en la Fiscalía General de la República (FGR), en la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), en la Coordinación del Gabinete de Seguridad, ser el vocero y la figura visible sobre la lucha contra el crimen organizado hacen de Omar García Harfuch el funcionario con más poder e información en el gabinete. Su presencia domina en “La Mañanera del Pueblo”. Las negociaciones sobre el tratado de libre comercio están en segundo plano, incluido el secretario Marcelo Ebrard.
El joven secretario debe cuidarse de la sobreexposición; no es un superpolicía que enfrenta narcos, enfrenta a políticos que esperan el momento para derrumbarlo.






