¿Algo qué festejar? ¿Dónde la inteligencia y la estrategia?

Jorge Octavio Ochoa

El próximo miércoles, se cumplirán dos años del arribo al poder de la 4T y los festejos se ven empañados por una auténtica ola de sangre y muerte, derivados de una cruenta lucha de los cárteles del crimen organizado, una feroz pandemia y pugnas de comunidades por cuestiones político-electorales.

Dos años para el olvido: más de 53 mil muertes por la violencia del narcotráfico; más de 26 mil fallecidos por coronavirus; 30 millones de mexicanos sin empleo; impensable decrecimiento superior al menos 10 por ciento; cero perspectivas de un cambio de rumbo en las políticas macroeconómicas.

Pero lo más grave de todo esto, es la percepción cada día más creciente de que, en la postura oficial en la lucha contra la delincuencia, el gobierno federal ha inclinado la balanza hacia uno de los bandos: el cártel de Sinaloa, luego del fracaso monumental en la captura y extradición de Ovidio Guzmán.

En estas horas, en el imaginario popular, es más que claro que el atentado contra Omar García Harfuch fue solamente una declaración de guerra del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) al Estado mexicano, luego de que apenas el 1 de junio pasado, el gobierno les confiscó 400 cuentas a mil 700 de sus personeros.

Hoy, el gobierno de la República se ve forzado, no solo a replantear su estrategia contra la narcoviolencia, sino sus propias medidas de seguridad personal. El aparente descuido de la guardia personal de AMLO, pone en vilo la estabilidad nacional y también constituye un elemento de riesgo para los ciudadanos.

Lo malo es que el Presidente parece no ver nada de esto y cada día se le ve más insensible, más perdido en soliloquios que ni a su círculo más cercano convence. Pero nadie se atreve a decirle que su enfoque de los hechos se aleja más y más de la realidad, y de los grupos sociales a los que dice proteger.

Su mensaje del sábado pasado es muestra palpable de esta afirmación:

1.- Dice que este fin de semana fue difícil. Falso. La sensación de inseguridad, de riesgo, de conflicto lleva ya mucho tiempo anidándose en el cuerpo de los mexicanos, viene de meses atrás.

2.- Dice que la pandemia va bajando. Falso. Vamos en el pico más alto de contagios y aún así, ya decidieron cambiar el semáforo a naranja, para empezar a reabrir actividades el lunes.

3.- Habla del temblor y dice que “no fueron tan graves los daños”, cuando en Oaxaca al menos medio centenar de familias se quedaron sin casa, al igual que decenas de familias en la ciudad de México. El presidente nunca los visitó.

4.- Habla de atender “las causas” que dan origen al crimen organizado, con becas que no se comparan con las cantidades de dinero que derrama el crimen organizado en las comunidades. Y lo peor: propiciando asaltos en el Banco del Bienestar.

5.- Se está eliminando el sicariato y el reclutamiento de gente en los pueblos. Falso. Por 100 mil pesos, 12 sujetos dispararon contra García Harfuch. Celaya, Guanajuato, demuestra que comunidades enteras sirven al crimen organizado.

6.- Dice que ahora le han dado “mucha importancia a la inteligencia”, porque el CISEN antes era utilizado para espiar. Falso. El Culiacanazo es, por si, el más claro desmentido. Ahí no hubo inteligencia, ni táctica, ni consecuencias del fracaso.

7.- Dijo que gracias a esta inteligencia se han podido evitar estos atentados. Falso. El mismo presidente ordenó la liberación de Ovidio Guzmán para evitar una matanza, porque el cártel tenía sitiada la unidad habitacional de los militares.

8.- “No vamos a hacer ningún acuerdo con la delincuencia”. ¿Entonces, por qué tanta deferencia con la mamá del Chapo Guzmán y hasta el aviso de “Sí, ya recibí su mensaje”?

Este análisis, muy somero, revela además un hecho ineludible. López Obrador ha perdido la sensibilidad social. La masacre de hace unos días en San Mateo del Mar, así lo demuestra.

Aunque parece que ya todo mundo lo ha olvidado, la desgracia ocurrida en ese apartado poblado de Oaxaca es, quizá, el mejor espejo por el que puede visualizarse la descomposición en todo el país.

Entre el 20 y 21 de junio, 13 hombres y 2 mujeres fueron torturados y quemados vivos en la comunidad de Huazantlán del Río, por una presunta disputa política por el control municipal.

Sin embargo, medios locales revelan que ahí se ha desatado una pugna entre bandas delincuenciales, porque se trata de una ubicación estratégica para el tráfico de indocumentados y almacenamiento de combustible robado.

Es una de las regiones más apartadas del país, a la que, para llegar, se necesita cruzar en una barcaza a lo ancho de un brazo de mar, donde la tuberculosis se convirtió en huésped inseparable de todos los pobladores.

Desde hace 30 años, el viento y el mar les juega una broma macabra. Sopla y va llevando la arena de un lado a otro, formando una montaña que camina, que invade y tira las casas, y que contamina los pozos artesanales de agua.

La miseria y marginación ha sido su destino desde tiempos inmemoriales. Ningún presidente los ha visitado. Ahí, es donde se encuentran los pobres más pobres, esos que dice defender Andrés Manuel López Obrador.

Hoy, no hay investigación ni aplicación de la justicia. Los tres niveles de gobierno guardan un silencio cómplice y esa gente tendrá que seguir viviendo en medio de sus miedos y creencias, aunque Dios y el Estado los abandonó.

Sin embargo, lo que sí ha llegado, es la ambición, la avaricia de políticos y criminales

Quizá las muestras más lacerantes del fracaso sean hasta el momento, las 100 universidades Benito Juárez y el Banco del Bienestar, de las cuales no se ve rastro alguno, Se sabe que cuestan mucho, pero siguen siendo un mito genial.

Existe la versión de que el Gobierno de México se endeudara con mil millones de dólares, con el Banco Mundial, no para combatir la pandemia, sino para regalarlos desde programas sociales del BIENESTAR, previo a un año electoral.

A diferencia de las demás naciones de Latinoamérica, que concentran los recursos del endeudamiento para comprar equipo médico, y materiales, así como medicinas para enfrentar los contagios, México lo destinará en entelequias.

Pero eso sí, hay intelectuales orgánicos, que se disfrazan de doctores o letrados, para hablar ahora de sicariatos mediáticos, que buscan dañar la imagen del Presidente.

No doctor John Ackerman. Lo que hay es una nueva casta incompetente, sin el valor y el coraje de decirle NO de vez en cuando a López Obrador, sobre todo en estas últimas semanas, cuando todo lo que dice tiene el aliento de mentira y necedad.

No, no hay nada qué festejar, Para muchos que votamos por esa opción, hoy se nos convierte en una profunda decepción.