Trump: el financiero
El contexto de las guerras no es favorable a los Estados Unidos (E.U.). Todo indica y así lo han expresado analistas en geopolítica: el imperio ha caído. Ya no somos parte de un mundo con una potencia dominante. La narrativa ahora es de un mundo multipolar con, al menos, cuatro potencias en el escenario internacional: E.U., Rusia, China y la India. Los tres últimos han logrado su soberanía tecnológica. En unos casos son potencias por las armas con que cuenta cada país, en otros el desarrollo de chips y, en el caso de China, se agrega el dominio de las redes sociales a través de TikTok. Mientras E.U. controló al mundo vía el patrón dólar, los otros avanzaron en el sector energético, logrando igualar o superar las fuerzas, por alianzas propias o por las derivadas por su relación con los países del foro de los BRICS.
Trump no ha sido el presidente que requerían los E.U. para tomar las decisiones correctas. La guerra de Rusia contra Ucrania nunca fue un conflicto entre esas dos naciones, realmente se convirtió en la continuación de una guerra híbrida que puso en alerta a los tres países con capacidad de retar a los norteamericanos. Los equipos de inteligencia lo sabían, pero no lo habían comprobado hasta que Rusia los hizo ver la realidad. Las armas que ha utilizado Ucrania son de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), salidas de los almacenes de los E.U., es decir, las fuerzas armadas rusas han combatido contra treinta y dos naciones, más el patrocinio de los E.U. y los han vencido.
La CIA y el ejército norteamericano saben que fueron derrotados, pero son una economía de guerra que siempre sale ganando y en eso han tenido razón. Los jóvenes ucranianos han puesto los muertos en una guerra de desgaste que está cerca de cumplir cuatro años. La industria armada estadounidense ha sumado millones y millones de dólares por la venta de armas al ejército de Ucrania y los países de la OTAN que compran armas para enviarlas a las élites militares ucranianas, más las que han comprado para guardarlas en sus almacenes para estar prevenidos ante un ataque directo de Rusia, por su participación encubierta en apoyo a Ucrania.
E.U. ha obligado a los países de la OTAN a incrementar el gasto para la compra de armas en un cinco por ciento de su PIB, cosa que es prácticamente imposible de cumplir. La amenaza es que, si no suben ese porcentaje, E.U. podría retirarse de la OTAN y quitar su apoyo ante la amenaza rusa, que solo existe en el discurso de Trump. Putin nunca ha expresado tal cosa, pero los E.U. se han encargado de difundir como un hecho inevitable. La única opción que tienen los países europeos para cumplir con el porcentaje exigido es quitar las ayudas sociales. Eso puede ocurrir, con el riesgo que los impacte electoralmente y pierdan ante movimientos de corte progresista.
Esta vez no han resultado muertos los jóvenes norteamericanos como ocurrió en Vietnam. El conflicto está a miles de kilómetros de E.U. por lo que no urge detenerlo para seguir vendiendo armas de sus almacenes de viejo. El problema de fondo es que Ucrania ya no tiene soldados. Como toda economía de guerra, Trump ha tomado las negociaciones con el gobierno ruso donde la moneda de cambio no es la paz, si no los términos de control sobre el gas, petróleo y el trigo que abastecen a toda Europa.
Los E.U. están ganando dinero, pero ya han perdido la guerra.










