El costo del cinismo

Pablo Hiriart

O hemos perdido por completo la capacidad de asombro, o de pronto nos volvimos una sociedad de cínicos que no protesta porque doce millones de mexicanos, con empleos formales, dejaron de percibir ingresos a partir del primero de abril y el gobierno no gasta un peso por ellos.

Presenciamos, indiferentes, cómo el presidente de la República da el banderazo de arranque a los trabajos del capricho de un Tren Maya que va a generar pérdidas económicas y a roturar la selva.

Ya no es asunto de ideologías ni lealtades partidistas, sino de un elemental sentido de humanidad.

¿Cómo que 12 millones de trabajadores formales sin ingresos y el gobierno tira el dinero en un una obra que no sirve para nada?

Ninguna empresa privada quiso la concesión, ni regalada, y el gobierno va a asumir el costo total de la construcción y el mantenimiento del trenecito.

El Inegi dio a conocer su encuesta sobre ocupación e informa que doce millones de trabajadores formales se quedaron «sin percepción de ingresos de por medio y sin certeza de si mantienen el vínculo laboral o el retorno del trabajo».

Inevitable, por el coronavirus, el cierre temporal de empresas. Pero sí era evitable de doce millones de mexicanos, que alimentan familias, perdieran su sueldo de la noche a la mañana.

Para eso pagamos impuestos. Para eso la administración anterior les dejó cientos de miles de millones de pesos: para emergencias. Y se han tirado todo ese dinero en gasto corriente e irrecuperable.

Ni un peso de apoyo a pequeñas y medianas empresas para mantenerse vivas y pagar sueldos. Si no tienen ingresos, «ni modo, a ver cómo le hacen», dijo textualmente el presidente de la República.

Son las que dan empleos al 94 por ciento de los trabajadores del país. «Que quiebren». No señor. Paren esta destrucción demencial del empleo y del ingreso.

Cinismo del gobierno y cinismo de la sociedad, es lo que vivimos en estas horas oscuras.

Porque ya no es un asunto ideológico de izquierdas, derechas, liberales o conservadores: la población subocupada pasó de 5.1 millones en marzo a once millones en abril informó ayer el INEGI. ¿Y en mayo, cuántos millones más?

No hay apoyos al empleo por todas las confusiones mentales del presidente: fifís, conservadores, corruptos, ricos, Juárez, el Fobaproa..

En su gira inútil lleva una caravana de Suburban rentadas porque las que eran propiedad del estado mexicano ordenó que se remataran. Más gasto, producto de su demagogia.

Y la sociedad observa indiferente que le mientan con el número de muertos por Covid-19. Más del doble de muertos que en China por mal diagnóstico y desinterés del gobierno en proteger vidas.

No nos inmuta que se castigue sin medicinas a niños con cáncer porque el presidente prefiere gastar en una refinería que cuesta más de diez mil millones de dólares, y tendrá pérdidas como todo el sistema nacional de refinerías.

En estas páginas se ha documentado cómo se deja infectarse a médicos y enfermeras por «ahorros» para gastar en las prioridades del presidente, y en lugar de agradecer el sacrificio los acusan de ladrones y mercantilistas.

Cuánta estulticia del gobierno al cerrar una planta cervecera casi terminada, con todos los permisos en regla, con inversión ya hecha por 750 u 800 millones de dólares, con miles de empleos cerrados porque el presidente sometió a consulta popular si seguía o no seguía.

Les importa un comino ahuyentar al capital privado. Sin inversión no hay empleo. Si no hay empleo no hay sueldos, por tanto no hay consumo ni impuestos para las tareas esenciales del gobierno.

Hoy el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México estaría a 80 por ciento de avance y el próximo año arrancaría operaciones, justo para tomar la curva de la recuperación y el regreso del turismo. Estamos gastando miles de millones de dólares en destruirlo y hacer otro chico, lejos y poco funcional, por los presidenciales caprichos de López Obrador.

Vemos al gobierno que aplasta al sector privado de la economía para sacarlo de la generación de electricidad, donde participa con energías limpias, renovables, más baratas y se crean empleos, para quedarse con el monopolio ineficaz y contaminante de las fuentes fósiles.

En nuestras narices se desarrolla una escalada difamatoria y castigos presupuestales a la ciencia y la cultura, por ser emisarios del porfiriato, según AMLO.

Mucho cinismo se necesita para hacer como que no vemos el trato de camaradas que se les brinda a los grandes cárteles del narcotráfico, se deja en libertad a su jefe y el presidente acude a una taquiza en el ejido del capo liberado , el día de su cumpleaños. ¿Qué nos está pasando? No hay asombro porque el partido del presidente pida una ley para que el gobierno entre a las casas a verificar el patrimonio de los ciudadanos, «sin restricción legal alguna».

Y el presidente que se da la mano con el narco habla de «revolución».

¿A las empresas medianas y pequeñas? Nada. Ahí está el resultado: 12 millones de mexicanos que en marzo tenían un ingreso, ya no lo tienen. Así será en mayo y miles de esas empresas no van a sobrevivir.

Es una vergüenza inaceptable, e independientemente de la ideología de cada quién, tendría que asombrarnos.

Salvo que nos hayamos contagiado de un enorme cinismo.