Gobernadores rechazan migajas

Pablo Hiriart

El Presidente se ha convertido en un estorbo para el trabajo de los gobernadores que buscan auxiliar a la población de sus estados para hacer frente al coronavirus. Su lentitud y su indolencia ya resulta insoportable para quienes sí tienen una idea de la dimensión del problema.

En las entidades federativas, los gobernadores (no todos) se pusieron manos a la obra, toman medidas extraordinarias y trabajan al ritmo que exigen las circunstancias, pero se encuentran con el desinterés y las mentiras del gobierno de López Obrador.

Ayer los gobernadores del PAN, de plano, le devolvieron a la federación los materiales que está mandando a los estados para la lucha contra la pandemia.

Se trata, dijeron de un modo comedido, de «insumos insuficientes y de mala calidad». La realidad, al ver las fotografías y videos del material enviado a las capitales estatales, es que les mandan migajas.

¿En qué reino africano (si es que queda alguno) cree que vive el Presidente al mandar, su gobierno, esas pocas cajas y bolsas como si en los estados fueran pordioseros?

Tiene latente la molestia de los estados con la federación que no los ha apoyado, y sobre el insulto va el agravio: unas bolsas que parecen despensas electorales, con batas de pésima calidad y unos cuantos cubrebocas. Las batas, de una tonalidad azul, son transparentes de tan malas y baratas. Los cubrebocas no detienen ni una gota de agua. No sirven para nada.

El gobierno de la república está mandando a la guerra sin protección a trabajadores de la salud de las entidades del país, y también a los de las instituciones federal, que protestan afuera de los hospitales capitalinos.

Protestan porque muchos de ellos se van a contagiar y algunos van a morir, por la irresponsabilidad de un gobierno pichicato en lo fundamental y botarate en los caprichos presidenciales.

Entre cajas y bolsas, pequeñas todas, iban unas siete o diez por estado.

Lo sucedido ayer confirma que el gobierno federal está rebasado . Y que tampoco le preocupa.

Oír a un gobernador estatal cuando se dirige a sus paisanos para dar indicaciones, parece estar oyendo a un estadista comparado con las conferencias del Presidente. Mensajes concretos, información, instrucciones o solicitudes. Pero necesitan el apoyo de la federación, y no lo tienen. Ayer dijo AMLO que se habían mandado recursos económicos a los estados para hacer frente a la situación. Pues resulta que no hay un peso adicional, sino las partidas habituales.

No sólo son gobiernos panistas los que están agraviados y hartos de la inmovilidad de la federación. Héctor Astudillo, gobernador priista de Guerrero, mandó una carta en que urge apoyos a su entidad porque hay comunidades que no tendrán para comer. Hambruna a la vista, pues.

Jaime Bonilla, gobernador morenista de Baja California, da una cifra de muertos por Covid-19 en su entidad y la federación da otra, bastante menor.

El director del IMSS sale a desmentir las informaciones de que personal médico se está contagiando en esa entidad, y el gobernador del estado le dice que los trabajadores de la salud «caen como moscas» por falta de aparatos que los protejan. Aquí en la Ciudad de México Claudia Sheinbaum, también de Morena, ordena que toda persona que se suba al Metro debe llevar mascarilla para aminorar los riesgos de contagio.

Mientras, el responsable federal de combatir la pandemia, López-Gatell, dice que no sirven, que no tienen caso ni guantes ni cubrebocas. Después dijo que los habían «malgastado».

¿Qué es eso? No compraron suficientes, para ahorrar y usar el dinero en otras cosas. Marcelo Ebrard, canciller y Jefe de Gobierno en la época de la influenza AH1N1, salió a respaldar la medida de Sheinbaum porque es indispensable y así es la norma en casi todo el mundo.

El gobernador emecista de Jalisco, Enrique Alfaro, urge a la federación a dar respuesta con los requerimientos indispensables para salvar vidas.

La gobernadora priista de Sonora, Claudia Pavlovic, se adelantó en casi una semana en decretar las medidas de aislamiento estricto que la federación apenas anunciará hoy. No es asunto de partidos, entonces, sino de responsabilidad y sentido común.

Se necesitan recursos para atenuar los efectos de la pandemia, y no aparecen para los estados.

Ahí les van unas siete o diez cajitas con batas inservibles y cubrebocas piratas.

¿Dónde está el dinero? ¿Qué hicieron con él? ¿No que habían «400 mil millones de pesos en caja» por los ahorros en corrupción? En esas manos vamos a estar ahora que, además de los estragos de la pandemia, debamos afrontar la mayor crisis económica en un siglo.

Aquí lo dijimos, y se enojaron: en el peor momento, en las peores manos.