Precisamente en momentos en los que la nación más poderosa –todavía- del mundo, los Estados Unidos de América, los casos positivos de Covid 19 se acercan a 1.8 millones y las defunciones superan las 104,000 reafirmando a ese país como el epicentro de esta pandemia global, lo cual la sitúa en una posición de alta vulnerabilidad y crispación social, lo que menos necesitaría adicionar a la caótica situación sería un ingrediente explosivo que lograra la tormenta perfecta.

Evidentemente no hubo previsión al respecto o más bien y para ser realistas y objetivos, no les interesaba como no les ha importado desde hace siglos, específicamente desde hace 400 años cuando en 1619 desembarcaron en E.U.A. los primeros esclavos africanos, raza que no lograría liberarse de esclavismo brutal en esa nueva tierra sino hasta apenas hace 154 años en las que los ahora denominados afroamericanos solo han podido vivir cuatro generaciones de hombres “libres”, sí del esclavismo, pero no de la segregación, marginación de todo tipo y claro, de una discriminación que hoy en pleno año 2020, continúa vigente.  

Y la tormenta perfecta llegó. Apenas este pasado lunes 25 de mayo un hombre afroamericano entró en un local comercial en la ciudad de Minneapolis y al hacer un pago con un billete de 20 dólares, le fue informado que al parecer era un billete falso, llamaron a la policía y los agentes consideraron procedente arrestarlo.

El procedimiento para hacerlo ante una actitud que no fue violenta salió de todo parámetro y protocolo. George Floyd de 46 años fue tirado al piso boca abajo entre 4 oficiales y uno de ellos, Derek Chauvin, de manera innecesaria, criminal e inhumana, hincó una de sus rodillas sobre el cuello de Floyd durante 10 minutos, mismos en los que repetidamente este se quejaba del dolor que le provocaba y de la imposibilidad de respirar bien por tanta presión, pero al oficial Chauvin y los otros 3 que estaban ahí no les importó tratarlo como a una bestia.

Unas horas después George Floyd perdió injustamente la vida por ese estrangulamiento y esa fue la chispa que detonó el polvorín que tiene al vecino del norte con la mayoría de sus ciudades más importantes en llamas, con disturbios, destrozos callejeros, saqueos en comercios de todos tipos, toques de queda inútiles e ignorados, miles de personas de todas las razas protestando por la discriminación y brutalidad policiaca que si bien no es el común denominador de todas las policías, no son pocos los elementos que lo realizan, incluso en sus mentes y percepción, alentados especialmente desde que con la llegada del presidente anaranjado a la Casa Blanca, el clima de racismo y hasta el funesto movimiento supremacista blanco resurgieron y crecieron frente a los ojos del mundo alimentados por la retórica racista, amenazante y prepotente del gorila Donald.

Hoy Chauvin puede haberse convertido en el punto de inflexión en la que parecía una línea ascendente para el republicano rumbo a las ya muy cercanas elecciones presidenciales. Trump no recula, le apuesta a mantener su postura dura e inflexible e incluso ha regañado e insultado a los Gobernadores de los Estados donde las cosas se han salido de control pero la autoridad no ha querido tensar más el frágil hilo del que pende un posible reavivamiento de la violencia que además está por convertirse en un impensable coctel de violencia y muerte ante la falta de cuidados y tanta cercanía entre los manifestantes en plena curva descendente de los contagios pandémicos.

En más de 140 años, por 1ª ocasión se apagaron las luces de la Casa Blanca, a Trump por unas horas lo resguardaron sus agentes de seguridad en el bunker que ahí tienen instalado por algún caso de ataque y reinó el caos. Esta semana habrá de arrojar muchas otras historias de este personaje que pareciera finalmente haber encontrado su Waterloo o tal vez su Trumpgate…     

Estaremos muy pendientes y hemos de presenciarlo. Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.