No recuerdo la primera vez que me llamaron inútil, pero debe haber sido mi madre ante un examen escolar que reprobé o alguna maestra ante mi caligrafía que siempre dejó mucho que desear, o los amigos en los partidos de futbol, cuando fallé solo ante un arco tirando la pelota a las nubes.

Escribí inútiles cartas de amor en mi adolescencia, también los amores fueron vividos inútilmente, fueron pasos perdidos que me llevaron a amar sin pensar si es útil o inútil la entrega de pareja. También la lucha social es una bendita tarea inútil que se lleva a cabo diariamente, como inútiles son los colores del arcoíris, las estrellas y el movimiento sin fin de los planetas.

Digo que el arte en movimiento y muchas cosas que tienen que ver con lo humano y la belleza son inútiles para una sociedad de consumo, donde lo único que se busca son los beneficios materiales, por lo mismo las instituciones que siguen a pie juntillas los preceptos de un sistema neoliberal ( manejado por una raza de inútiles depredadores), lo único que piensa es hacer grandes recortes en los presupuestos para lo que sea cultura, incluyendo por supuesto todo aquello que tenga que ver con el pensamiento: la filosofía, las distintas expresiones artísticas, la arqueología, la antropología, etc. El sistema no encuentra un fin de lucro en las actividades humanísticas y las elimina de las necesidades de la sociedad, sin saber que están trozando el espíritu y la memoria de un pueblo, una historia de lo más valioso que somos como personas, lo que hemos alcanzado como lenguaje estético, lo más alto de la belleza humana.

El arte y la cultura son inútiles en el sentido pragmático, pero la humanidad sin arte y sin cultura, se quedaría sin sueños, sin imaginación, sin una educación sentimental de la conciencia, se bestializaría sin conocer o tener un parámetro del significado de la belleza en la vida diaria, andaríamos en un mundo rodeado de fealdad, a la cual ya se le rinde culto en muchas ciudades, mostrando la ignorancia misma y el retroceso de lo humano. Kant decía que “si voy a un concierto, en ¿qué me beneficia? Mi amor a la música es un amor desinteresado y sólo ese amor me hace mejor”. En una sociedad corrompida por la dictadura de la codicia, el conocimiento de la belleza es la única forma de resistencia. Porque con el dinero se puede comprar el alma y el cuerpo de cualquier persona. Hay dos cosas que no se compran con dinero: el saber ni el talento. Si soy un hombre rico y quiero comprar el talento o la capacidad de saber, ni con todo el dinero podría. El talento es un don y el precio del saber es el esfuerzo personal. El talento se desarrolla y el conocimiento no se compra, se conquista. Las personas inútiles buscan la sabiduría, con ideas inútiles, siguiendo caminos inútiles, luchando inútilmente por una realidad mejor, con sentimientos inútiles, con ebriedades inútiles, con amores inútiles, con alegrías inútiles, con una anarquía inútil, en una aventura inútil; así estoy desde niño escribiendo la inutilidad de mi pensamiento, y bueno, amigos, soy completamente inútil, para este sistema corrompido por la utilidad que es la muerte. Por eso le dije a mi terapeuta: “Doctor, no me quite la locura de la inutilidad, es lo único que tengo”. (P.S.A.)