Si verdaderamente los partidos de izquierda pensaban en lograr empatía con la población por medio de la defensa de PEMEX, no lo lograron, la ciudadanía no se tragó el cuento ni la simulación que hicieron, tampoco sintieron que estaban cuidando los intereses de los mexicanos, más bien los ven como revoltosos y agachones tratando de engañar a los electores.

Les faltaron argumentos para involucrar a la ciudadanía, ya que sin ella, difícilmente podrían parar los que era inminente desde hace algunos meses, es más, tan tibia fue la protesta que el gobierno fue más allá de lo planteado en un inició y amplió sus expectativas a todo lo que daban para tener contentos a los inversionistas.

Al menos en el Estado de México, fue lastimosa la energía que le pusieron los de izquierda al subir a la tribuna del Congreso local para defender la minuta, más el PRD, que lejos de abrir el debate con argumentos y cifras cayó en el juego sucio y sumió en el letargo el debate sin lograr provocar al PRI ni al PAN. Lo que antes hacía el PRI hoy el PRD lo hizo, mandaron más de 5 oradores a no decir nada. Nadie podrá creerles que lo hicieron con inocencia.

El diputado Armando Portuguez fue el único que presentó una posición real, pero era  lo único que tenían los perredistas para enfrentar el PRI, además por supuesto para no parecer radicales hicieron un pacto de civilidad, el cual quedó al descubierto cuando Héctor Bautista se enojó por la palabras de Enrique Mendoza acusándolos de “extorsionar la voluntad ciudadana a partir de un discursos demagógico y retardatario”.

De ahí en fuera todas las posturas fueron sosas, es más casi todos pasaron para fijar una postura monótona, los argumentos eran tibios, tanto que caían en lo soez, algunos de ellos se dieron cuando mencionaron la constitución de la Francia revolucionaria de 1791 para sostener los derechos de las personas como freno al poder; las privatizaciones que hicieron los gobiernos priistas. Cuestionaron la culpabilidad entre Zedillo y Salinas por el error de diciembre. Algunos más mejor ni mencionarlos.

Higinio Martínez lo único que hizo fue tratar de reventar la sesión; en su postura no dijo nada sustancial, su compañero Juan Abad, lució más que entreguista, fiel a la escuela de Movimiento Ciudadano antes Convergencia, tratando de parecer mediador sin defender, haciendo ver que todavía se pueden perfeccionar las cosas sin importar que sean aprobadas en el momento. Que importa hay que aprobar al ahí se va luego corregimos.

El PT tuvo la postura más agresiva en voz de Norberto Morales Poblete, tal vez por la autoridad moral que significa apoyar manifestaciones, cercos y protestas; pero al igual que los demás, no continuo el debate su postura le sirvió para sacar el coraje. Pero algo quedó muy claro, la ausencia de Oscar González Yáñez fue notoria, como ha pasado en otros momentos trascendentales de debate en el Congreso. ‘Sospechosismo’ acusan algunos.

El PAN y el PRI solo necesitaron un orador por bando, no necesitaban más porque no había debate, de hecho se dedicaron a mostrar las bondades de la reforma, como si estuvieran en campaña, sin argumentar el cómo, el porqué, las cifras, los tiempos, en fin no dijeron nada.

Ahora a La Mayoría Silenciosa solo le resta espera que la mencionada reforma dé los resultados esperados por los promotores, tienen razón quienes dicen que el tiempo y la historia ubicarán en su lugar a cada uno de los bandos, pero lo que no saben es que México no tiene tiempo para esperar, lo que necesitamos son resultados.

Es una lástima que mientras en otros países se toman en serio los debates y las discusiones, invitando a personas que de verdad saben del tema  para lograr los mejores resultados; aquí nos encomendamos a Dios y vamos a misa con la esperanza de tener mejores gobernantes, como si estos asuntos fueran de competencia celestial.