Alguien con pluma filosa podría escribir, y no sin razón, “nos faltan 47”.

Se toparía con un problema: los desaparecidos en la carretera San Fernando-Reynosa son centroamericanos ilegales, no se conocen sus nombres y nadie grita por ellos.

Tan son ignorados –porque son los pobres entre los pobres, carecen de abogados y grupos políticos que los protejan–, que la subsecretaría de Migración había ocultado el levantón de 25 de ellos, ocurrido el pasado 21 de febrero, presuntamente a manos de grupos criminales.

El subsecretario Alejandro Encinas “reconoció” que “es posible decir que fueron retenidos por un grupo de la delincuencia organizada, como parte de actividades de tráfico de personas” (La Jornada de ayer miércoles).

Encinas tuvo que admitir el hecho porque el día anterior lo había dado a conocer el periodista Héctor de Mauleón en su columna En Tercera Persona.

(Miren por dónde emergen los contrapesos del poder: por las columnas políticas, pues las ONG, los centros de derechos humanos, los partidos y los “líderes sociales” callan).

De no haber sido por esa columna, Gobernación habría mantenido en silencio el levantón de esos 25 migrantes.

A esos desaparecidos hay que sumar otros 22, supuestamente levantados en la misma carretera el jueves de la semana pasada.

Y uno se pregunta: ¿dónde está el cambio?

¿Quién protege a esas almas solitarias que, literalmente, se las traga la tierra?

La próxima semana se cumplirá un mes de que fueron levantados esos 25 migrantes que viajaban en autobús desde San Fernando a Reynosa, en Tamaulipas, y no se sabe absolutamente nada.

De los 22 levantados el pasado jueves tampoco hay información. Las autoridades no tienen la menor idea.

Ahora, 21 días después, cuando el hecho estalló en los medios, se arma un operativo de búsqueda.

Alejandro Encinas dijo que esas actividades de tráfico de personas son parte de “un delito transcontinental”.

Eso lo sabíamos desde el gobierno de Felipe Calderón.

¿No se les ha ocurrido nada nuevo en nueve años?

¿Para eso batallaron por llegar al poder?

En 2010 ocurrió algo semejante: 72 migrantes fueron bajados del autobús y secuestrados por grupos criminales en ese mismo lugar. Luego se encontraron sus cuerpos sin vida.

Todo el país mostró su indignación y grupos de académicos promovieron llevar a Felipe Calderón ante tribunales internacionales por “crímenes de lesa humanidad”.

¿Dónde están ahora John Ackerman y compañía cuando sucede algo igual (aunque esperemos que con distinto desenlace)?

Su humanismo era de mentira.

Su solidaridad fue fingida.

Su indignación, una fachada política para alcanzar el poder.

¿No va a haber Comisión Internacional de la Verdad para el caso de estos 47 seres humanos desaparecidos en México, subsecretario Encinas?

¿Damos por descontado que la Policía Federal no escoltaba a los autobuses con migrantes al momento de la intercepción y secuestro, como revelan algunos testimonios?

¿Nada tiene que ver “el Estado” en esto?

Los que antes encabezaban las protestas hoy están en el gobierno, y en lugar de evitar estos horrores los esconden o trivializan.

Es absolutamente incorrecto culpar al presidente por los desaparecidos de hoy, como incorrecto fue culpar a otros presidentes por los desaparecidos de ayer.

Pero las autoridades tienen una responsabilidad política acerca de lo que ocurre en el territorio nacional.

Todavía peor si los secuestros y desapariciones masivas de migrantes ocurren en el mismo sitio y con la misma gente.

¿Para eso querían gobernar?

¿Para que pasara lo mismo con ellos que con los anteriores?

¿Para dar las mismas explicaciones?

¿Para decir que no saben a dónde van los desaparecidos?