Mirar a los ojos
La alegría de brindar se comparte mejor mirando a los ojos. El contacto visual reduce de manera dramática la distancia entre dos personas. Vernos nos hace sentir cercanos, nos desarma y permite, al menos mientras dura, acceder al mundo interior del otro. Por ejemplo, en el tráfico intenso de la ciudad es más fácil conseguir que nos dejen pasar si dos miradas se descubren. Tener algo en común, un fugaz encuentro visual, nos aproxima, nos permite sabernos cercanos; nos humanizamos al vernos.
Inclinar la cabeza para evitar las miradas es un recurso que sirve para resguardarnos de los demás. Mentir es más difícil cuando han traspasado nuestro interior. Por eso, al parecer, hay personas —alguna vez me contaron— que escogen poner su escritorio para que la luz golpee a su interlocutor, mientras su propio rostro permanece oscurecido. La indiferencia es más difícil cuando estamos de frente, cara a cara.
Las necesidades y carencias de muchas personas son indudables. Sucede así con las realidades más abstractas, como las cifras de delitos cometidos, de personas asesinadas o desaparecidas; los números de individuos que viven en pobreza y no tienen qué comer no son pequeños. Las estadísticas pueden ser frías; muchas veces esconden historias y rostros. Es posible convivir con ellas sin que se nos estremezca el cuerpo o se nos sonroje el rostro.
Así, parece necesario encontrarse con la realidad para que nos afecte. Cada persona que sufre tiene una vida digna, responde a un nombre, lleva en sus ojos una mirada en la que podríamos detenernos, al menos, por un momento.
México no es un conjunto de situaciones anónimas. Las extorsiones, los asesinatos, la corrupción y la incompetencia afectan vidas concretas, truncan proyectos, destruyen sueños, derriban esperanzas. En este sentido, alguna vez lo decía una connotada urbanista: levantamos muros rodeando nuestras casas para no ver lo que sucede fuera; usamos nuestros coches en soledad, no solamente por razones prácticas, también porque así podemos vivir sin mirar a los demás.
Hace unos días, casi de manera fortuita, pude encontrarme con una persona que vivía una tragedia. Su hijo llevaba más de dos meses internado en un hospital debatiéndose entre la vida y la muerte. En la historia que me contó, durante los minutos en que convivimos, relucían aciertos y errores, gestos generosos, la maravilla de una familia unida, la impotencia ante las carencias de atención médica oportuna, la fortuna de haber logrado estabilizarlo. Como en muchas historias humanas había lágrimas, esfuerzos, tristezas, carencias y logros.
Al final, después de compartir unos alimentos, nos despedimos con un fuerte abrazo. La experiencia volvió a conmoverme y a preguntarme: ¿qué podemos hacer para lograr que haya menos sufrimiento; para evitar esos males que aquejan a tantos y que podrían reducirse con una atención más cuidada, con más profesionalismo, con más humanidad?
Cada día hay muchas personas librando batallas complejas: desde el que apenas consigue juntar el dinero para alimentar a su familia, hasta la madre abandonada por el marido que tiene que trabajar jornadas extenuantes, o el anciano cuya pensión es insuficiente para obtener los medicamentos que requiere. Pero también hay sufrimientos no económicos: el que sabe que tiene los días contados, el que vive en medio de una terrible violencia familiar, los padres olvidados por los hijos.
Es verdad que no somos responsables de tantas carencias. También es cierto que podemos ser indiferentes y no mirar, o buscar que alguna realidad nos interpele, nos hiera y nos mueva a la acción. No se me ocurre mejor receta que salir de nuestro caparazón, mirar a los ojos, conversar con calma, ir al encuentro de tanta necesidad y, aunque no podamos remediarla, no dejar de aportar ese pequeño granito de arena que puede acompañar la historia de alguien, al menos mientras se cruzan nuestras miradas.
Para encontrar solidaridad, empatía y saber estar junto al otro.
Muchas veces la vida es saber estar. Acompañar a los demás, salir de nosotros mismos y enfrentarnos con personas que solamente buscan alguien con quien puedan contar.










