Picotazo Político: cáncer metropolitano
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025, dada a conocer la semana pasada por el INEGI y comparando con el 2023, nos arroja que en 2024 la tasa de víctimas de delitos más altas a nivel nacional se registraron el Estado de México, con los nada honrosos 34 mil 851, comparado con su seguidor inmediato, la CDMX con 30 mil 804 y Tlaxcala (que sorprende en relación a la proporción de sus números de habitantes) con 30 mil 498.
El trofeo sigue siendo para los delitos de extorsión, robo en vía pública, robo en transporte público y en consabido etcétera. Mire usted, no lo voy a indigestar con las gráficas del INEGI, pues para el caso, siguen siendo una cordial llamada a misa para las autoridades estatales o de la CDMX, paja en muchos casos.
Quienes me leen y el que escribe, sabemos hacia dónde voltear pues hemos sido un número en alguna de estas gráficas del terror y en todo caso, lo que nos convoca es a entrecerrar los ojos para con gesto dudoso nos preguntemos por qué no se ha podido contener esta sarta de delitos.
No requerimos títulos doctorales para concluir que la corrupción y su gemela llamada complicidad son las que mandan en estos páramos y son las autoridades, que van desde las muy corruptas policías municipales (las que aceitan el engranaje de ese día a día para los sufridos habitantes de la región metropolitana), hasta los fiscales, jueces, agentes, todos de ambas entidades.
Se requiere ser muy estúpido como para no ver el elefante en medio de la sala y concluir que los criminales se salen con la suya porque frente a si, tienen policías de papel, agentes de papel, jueces y ministerios públicos de papel y eso incluye a varios presidentes y presidentas municipales y/o alcaldes defeños (de la hoy CDMX), muy bronceados por el sol de los dineros que directa o indirectamente produce la industria del crimen ¿o debemos creer a las lenguas oficiales que afirman de que están combatiendo a los malos? Pues me temo que nos están viendo la cara…
¿Se siente seguro o segura en el lugar en donde vive? ¿confía en los agentes municipales o la estatales? ¿Se atreve a poner la denuncia en una fiscalía si ha sido víctima? Ahí están las respuestas.
Pero el muro de los lamentos es ya parte del paisaje cotidiano y excepto, por el papel del gobierno federal cuando arrecia con operativos de mando único, con Guardia Nacional, marinos y soldados para la región oriente, mismos que han mostrado mayor efectividad que los inútiles locales, no se aprecia mejoras en la gran mayoría de vasos comunicantes entre la CDMX y el Edomex. En el mapa geográfico y político se encuentra el nudo, pues son ya varias las décadas en que distintos gobiernos se han resistido a ver este bloque urbano (las fronteras mexiquenses y su colindancia con la capital de México) como lo que en la práctica es: una zona terriblemente descuidada en materia de cooperación policiaca, claro, existen acuerdos y mucha saliva, pero ninguna medida es efectiva, pues el crimen organizado y todas sus sucursales operan con una enorme experiencia en esas zonas, disponiendo de las limitantes que los cuerpos de seguridad tienen entre sí, un municipal o estatal que no puede poner su bota en la CDMX y al contrario.
Quien atraca en el transporte público puede cruzar la frontera y santo remedio, se refugia entre los paneles de su colmena ¿quién lo persigue o atrapa? Vaya usted a saber, las jurisdicciones son sagradas y eso “la rata” lo sabe.
Ahora bien, lo deseable es que fuese la GN la que tuviese el control de esta zona, que los municipales y estatales, con todo y sus siniestros agentes de las fiscalías, dieran campo abierto y se largaran, pero resulta impensable para el espíritu del respeto a la municipalidad o la virginidad de las entidades, porque no me imagino a la maestra o a Clarita, aceptando, primero que no pueden y segundo, que sea “Batman” quien las rescate.
Pero es necesario.
La Zona Metropolitana del Valle de México es una gran bodega de votos, manantial de sufragios para el partidote y solo por decencia, los amos de las elecciones deberían regresarles la cortesía de un respiro y protegerlos. En caso de que no, que mejor se lance la convocatoria para escoger a los vengadores anónimos, esos que a punta de pistola salvan a todo el pasaje de algún camión hacia la zona de Lechería o de Ojo de Agua. Digo, por si no pueden, también se vale decirlo.










