Compañeros de Vida
Nicolás Maquiavelo nace en Florencia en el año de 1469, ha de morir en el año de 1527. En destino paralelo un personaje del Renacimiento le ha de hacer compañía en su pasión por la historia y los hechos de la República de Florencia en ese tiempo para la humanidad y de la Italia que todos admiramos. Francesco Guicciardini leo en Wikipedia, nace el 6 de marzo en 1483 en Florencia y fallece en Arcetri (Gran Ducado de Toscana) el 22 de mayo de 1540. Leo en información digital: “Fue un escritor, historiador, político y filósofo florentino. Es uno de los principales intelectuales del Renacimiento italiano”. Maquiavelo, padre de la ciencia política vive 58 años, el joven historiador vive 57 años. La diferencia de edad al nacer es de 14 años mayor por parte de Maquiavelo; ante un joven al que le han de comparar sus conciudadanos de generación constantemente.
Derivado de ello investigo en el libro titulado: Epistolario 1512-1527 / Nicolás Maquiavelo publicado por Fondo de Cultura Económica en el año de 2016 (aunque se señala que su primera edición fue de 1990). Un material invaluable traducido con notas de Stella Mastrangelo. Es un regalo este texto que hace la investigadora. Al buscar en el índice la relación epistolar entre el político florentino y el historiador, encuentro gran cantidad de ideas que comprueban la aguda inteligencia y sabiduría de ambos.
La primera carta aparece citada en Módena, una ciudad bella y agradable que refleja esos tiempos, donde centros urbanos de lugares competían entre sí por belleza, tradición y legado histórico: tal es el caso de Perugia, Asís, Urbieto, Ferrara, Rimini, Bolonia, Pisa, Da Vinci y Siena, entre otras muchas; todo ese territorio del norte de Italia hacia el occidente y oriente donde aparecen también: Génova, Milán, aquellas que rodean el lago de Como, así como Padua, Verona, Trieste y Venecia. La geografía de Italia es inconmensurable a la fecha por su pasado y su actualidad deslumbrante.
En la carta de fecha 17 de mayo de 1521, cuando Maquiavelo tiene ya 52 años y el historiador y filósofo Francesco 38 años, es texto de mentes perspicaces, sabias en el lenguaje y picardía, que denota esos tiempos en que lo que más se juzgaba mal era ser ingenuo o tímido en cosas de la vida humana. Bien me cuentan los estudiosos de Sor Juana Inés de la Cruz que en su época había alrededor de ella una gran cantidad de sabios y cultos; por lo que su poesía tiene un ritmo musical envidiable: resultado de su círculo social donde el castellano era cantado de manera armoniosa y las palabras, tenían significado y muestra de belleza sin par en los versos.
Es el caso de la carta de Francesco Guicciardini que le dice en sus primeras letras Al magnífico Messer Nicolás Maquiavelo, embajador florentino en Carpi: “Maquiavelo queridísimo. Buen juicio ha sido ciertamente el de nuestros honorables cónsules del Arte de la Lana al haberos encargado el cuidado de elegir un predicador, no de otro modo que si a Pacchierotto mientras vivía le hubieran encargado, o al ser Sano, hallar una mujer bella y elegante para un amigo. Creo que le serviréis según las esperanzas que se tienen de vos y según lo exige el honor vuestro, el cual se empañaría si a esta edad os dieseis al alma, porque habiendo vivido siempre con contraria profesión, lo atribuirían antes a reblandecimiento que a bondad”.
Atender el contexto cada vez que estudiamos a personajes o vida de un pueblo. El comportamiento de quienes se conocen con diferencia de edad como en este caso, no aleja del juicio con el que se debe de comportar cada quien; temían mucho se les juzgara comportamiento que resumía en el ser tonto o ingenuo. “¡Más vale ser temido que amado!”. Eso le dice el joven historiador, cuando a quien se dirige ha hecho su obra fundamental de El Príncipe.
La respuesta de Nicolás, dice, Al magnifico señor Francisco Guicciardini, Doctor en Derecho digno gobernador de Módena y Reggio, de su máxima estimación: “Magnifico señor, mi superior y digno del mayor respeto. “… cuando llegó vuestro mensajero, y pensaba justamente en las extravagancias de este mundo, y estaba totalmente dedicado a figurarme un predicador a mi manera para Florencia, y que fuese tal cual me pluguiese, porque en esto quiero ser terco como en las demás opiniones mías”.
En las dos cartas se nota un escenario donde los espadachines se respetan llamándose Magníficos Señores pero se ve que están a la espera del error en la respuesta de cada uno. Dos personajes del Renacimiento italiano, donde surgen a diario genios por doquier en la región de la Toscana; por igual que en la región de Milán o en la Lacio: que presiden la Ciudad Eterna de Roma y, el poderoso Vaticano de los papas.
Escribe Maquiavelo: “Y como jamás he fallado a esa república cuando he podido servirla, que no lo haya hecho, si no con las otras, con palabras, y si no con palabras, con señas, no pienso fallarle tampoco en esto. Verdad es que yo se que soy contrario, como en muchas cosas, a la opinión de aquellos ciudadanos; ellos quisieran un predicador que les enseñe el camino al Paraíso, y yo quisiera encontrar uno que les enseñara el camino para ir a la casa del diablo; quisiera demás que fuese hombre prudente, entero verdadero, y yo quisiera encontrar uno más loco que el Ponzo, más astuto que fray Jerónimo, más hipócrita que fray Alberto, porque me parecería linda cosa, y digna de la bondad de estos tiempos, que lo que nosotros hemos experimentado en muchos frailes se experimentase en uno; porque yo creo que ése sería el verdadero camino al Paraíso: aprender el camino del Infierno para evitarlo”.
Leer el epistolario de Nicolás Maquiavelo es una experiencia interesante. Hay que entender entre líneas la amargura a 52 años de edad por parte del florentino, que ha visto lo que es la República de Florencia en luchas sangrientas por el poder político y económico. Y en ese contexto histórico, el papel que hacen altos prelados con el poder religioso y la voraz ideología que va de la mano del César por amor a las cosas terrenales y, las de Dios, que les pide seguir el camino de San Francisco de Asís.
Al contar ello, con amargura entre líneas como cronista de facto que es de su tiempo. Da prueba ante el privilegiado niño rico que es Francesco Guicciardini nacido de familia adinerada y poderosa; ello me hace recordar al argentino Jorge Luis Borges, en su relación con dos personajes de su patria del siglo pasado: por un lado el poeta Oliverio Girondo, de familia afortunada de reconocidos políticos: antipático para Borges en su momento y; la gran amistad con otro hijo de familia adinerada, Adolfo Bioy Casares. Así me parece fue la vida del florentino dedicado a la política; el cual tiene que convivir con aquellos que alcanzan altos cargos, por ser hijos de familias de abolengo o porque tienen poder para comprarse cargos y bendiciones papales. Contra la experiencia de vida de Maquiavelo, que es pobre económicamente y más pobre aun, porque la diosa fortuna no le da un padrino, que le defienda y le consiga puestos que por sabiduría él bien merece en aquel contexto del Renacimiento.










